08/06/2026
Con ampollas, medicada y sintiéndome mal física y emocionalmente, hoy cumplí con mi deber cívico.
En la primera vuelta fui miembro de mesa por primera vez. Fui con mucha ilusión, con el deseo de ayudar, de cumplir mi responsabilidad y de aportar para que todo se desarrollara de la mejor manera. Sentía entusiasmo y esperanza.
Hoy, en esta segunda vuelta, ya no tenía esa misma sensación. Fui con un n**o en la garganta y con el corazón pesado. Y sé que muchas personas acudieron a votar con ese mismo sentimiento: el de sentir que ninguna de las opciones representaba realmente la esperanza que anhelaban para nuestro país.
Sé que mañana seguiré trabajando, esforzándome y luchando por mi familia, como lo he hecho siempre. Pero mi tristeza no nace de mi situación personal. He tenido la oportunidad de recorrer distintas partes del Perú y ver de cerca la realidad de muchas familias que viven con carencias, con pocas oportunidades y con la esperanza de que algún día las cosas cambien.
Mi padre fue provinciano y crecí escuchando las historias de todo lo que tuvo que sacrificar para salir adelante. Quizás por eso me cuesta mirar esta realidad desde la comodidad. Pienso en quienes trabajan de sol a sol y aun así no les alcanza, en los niños que merecen más oportunidades y en tantas personas que siguen esperando ser escuchadas.
Sea cual sea el resultado, deseo de corazón que quienes nos gobiernen recuerden que detrás de cada cifra hay personas, familias y sueños.
Hoy siento una profunda tristeza. Porque cuando la esperanza se convierte en resignación, todos perdemos un poco.
Porque cuando uno ama a su país, también le duele. 🇵🇪💔