28/08/2026
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No había ni un solo ruido o una canción lejana, un saludo o una compañía para cenar y platicar juntos sobre los nuevos datos que había aprendido durante todo el día mientras estaba sentado frente a la brillante y colorida pantalla del computador. Aquello se había terminado y aún no entendía la razón porque estaba ciego ante ella pese a tenerla a tan solo un vistazo detrás de la puerta que los separaba. Soledad era todo lo que le rodeaba dentro de aquella pequeña caja donde había sido guardado hacía mucho tiempo y era irónico porque sabía el tiempo exacto que eso había sido pero creía que sólo era un error, un olvido o un descuido de la persona a la que llamaba padre.
¿Por qué llevaba tanto tiempo sin ver la luz y disfrutar de una noche llena de estrellas? ¿Lo extrañaba? Era raro pensar si esa era la palabra correcta para describir lo que sentía respecto a todo lo que se le había privado por seguir la indicación tan simple que escuchaba cada noche antes de que su padre fuera a dormir y que esta vez no había terminado. ¿La noche habría sido eterna desde ese día? No era posible, al menos no en un par de millones de años lejanos.
Sora tenía curiosidad de saber qué ocurría fuera de esa caja, era otra sensación que se le había explicado estaba bien siempre y cuando tuviera cuidado de preguntar tanto a la persona correcta como de una forma educada. ¿Su padre tendría mucho trabajo en el laboratorio? ¿Qué tal y habían vuelto sus invitados pero esta vez no había podido echarlos rápido? Sabía que no debía ser visto, pero era egoísta esconder a su hijo ante cualquier persona que se presentara en el lugar pues sabía claramente que no podía hacer ningún daño.
Tristeza, era un sentimiento que aún no entendía muy bien pero dolía y lastimaba, su padre nunca le mostró cómo debía lidiar con ella pero suponía que era como cuando él lloraba a solas después de meterlo dentro de aquella caja y repetir muchas veces un par de nombres que Sora ya sabía de memoria. ¿Había algo malo en su interior? Porque de forma física no había ningún error, algún corte o algo que tuviera que arreglarse. ¿Todo era parte del funcionamiento nuevo que su padre le había dado la última vez que se vieron?
Entonces ¿por qué se sentían tan mal todos esos pensamientos? ¿No se suponía que era una mejora? Algo lastimaba y no sabía la razón.
Sora estaba cansado pero no de su cuerpo sino de estar ahí por siempre tener que obedecer las reglas, estaba seguro de que no recibiría un regaño pues su padre no era tan estricto con él como lo parecía y confiaba en que jamás le gritaría como aquella vez pues prometió jamás hacerlo. Fue así como dio un largo suspiro mientras levantaba sus manos para empujar la puerta de madera frente suyo y salir al fin de su reposo.
El lugar estaba completamente a oscuras y eso era raro porque un laboratorio jamás debe estar oscuro y podía pasar un accidente, o al menos era lo que su padre siempre decía. Caminó a pasos lentos para buscar el gran escritorio donde sabía que había una linterna que ocupaban para cuando las emergencias se hacían presentes, una vez allí abrió uno de los cajones y tomó rápidamente el aparato para encenderlo y comenzar a buscar a su padre, sin embargo, la sorpresa fue más grande ni bien sus ojos habían logrado enfocar con la luz.
Su padre estaba ahí sobre su silla con la mirada oscurecida y su brillo apagado, lo que aún quedaba de su piel estaba blanquecina y con un tono verde en varias partes de su cuerpo, su ropa estaba llena de polvo y gusanos salían de los orificios que había sobre ella. ¿Un olor de putrefacción? Nunca lo había percibido, no podía o se hubiera percatado de todo eso mucho antes pues el grado de descomposición que presentaba su padre era bastante avanzado.
¿Desde cuándo? ¿Por qué? ¿Quién? ¿Cómo es que no se había dado cuenta de eso?
Sus pies se movieron rápidamente cuando el sonido de lo que seguramente era un roedor lo asustó y ocasionó que comenzara a correr en dirección de la puerta que conectaba con la casa, preguntándose si es que todo en aquel lugar estaría igual de mu**to que su padre y vaya que tan equivocado no estaba. Todo se encontraba lleno de polvo, animales pequeños caminaban dentro del lugar, la comida se había llenado de moho, las puertas y ventanas se encontraban rotas dejando pasar al aire que producía un silbido que a cualquiera podría helarle la piel.
Sora se sentía perdido, desconcertado, molesto, triste, ni siquiera sabía qué demonios era lo que sentía porque no conocía nada, no entendía aún que eran los sentimientos y menos toda la bomba que sentía. Si su padre estaba mu**to, ¿quién iba a seguirle mostrando el mundo hasta que estuviera listo para él? Era demasiado tarde para eso porque no habría más lecciones.
¿Cómo se suponía que tenía que seguir viviendo sin el hombre que le había dado la vida?
Sora tenía miedo, miedo de vivir pero también de morir, los recuerdos en su memoria lo golpeaban uno tras otro y su pecho dolía pese a que eso no tuviera sentido porque no tenía corazón ni conciencia, al menos se suponía que así era porque después de todo un robot se supone que no debía sentir nada...