30/06/2019
Juan Bertin Negron OcasioHe escrito tanto y tanto y tanto que nadie recuerda nada nada de lo que escribí; ni yo mismo puedo acordarme. En realidad es que la mente nunca recuerda lo que se le olvida. Pero como diría Toño Gole, “Lo mío es hacer pan, no cosechar trigo”.
Bueno, me ocurrió un día como nadie podía acordarse de todas las marañas que me inspiraban a las tres de la mañana, cuando fui a ver a Ramonche. El ingenioso villalbeño le arreglaba hasta la pata ‘e un cojo. Y decir poco es cualquier televisor con un tubo fundido, un radio de baterías, o un teléfono del año de las guácaras. Son muchos los que saben lo que comento y son pocos lo que no entienden.
Hoy nadie arregla nada. Se daña la tele y pa’ la basura. En las grandes tiendas comerciales hay baratillos. Piensan.
Lo que esos pocos no saben es que en aquel tiempo con $1.50 Ramonche ponía a to’ el mundo en el barrio a ver películas mejicanas, al Santo vs. Los Vampiros y a Cantinflas, si se dañaba la tele. Las mujeres se embelesaban cuando llegaba la tevé arreglada por que no querían perderse las novelas de Braulio Castillo junto a Gladys Rodríguez. En Perú ,Braulio (padre) actuó en “Simplemente María” con la inolvidable artista peruana Saby Kamalich. Tenemos talento y sabiduría que pocos reconocen.
Como decía Pablo López, cuál es el bochinche. Ramonche desplazaba su talento en un rincón donde está el banco hoy en la Muñoz Rivera. Allí ponía gente a g***r arreglándoles aparatos electrónicos. Arreglaba todo lo que se descomponía: radio, televisor o tocadiscos.
¿Qué es un tocadiscos? ¡Averígualo!
Era el avancino un verdadero genio. Pero en Villalba no hay un libro guardado de historia del pueblo. Entonces, quién carajo se acuerda de lo que éramos.
“No se pa’ ónde voy, voy a saber ‘e dónde vine.” Oí decir una vez a Pan Doblao’.
Debía tener yo algunos siete años. Fui a llevarle a hombros un televisor que pesaba más de cien libras. Ese día, recuerdo bien claro, me dijo, Ramonche:
-Oye, Bertin. Un día tú vas a ser algo importante por este pueblo y yo no voy a estar ni en la memoria (viré los ojos como los incrédulos). Nadie (siguió diciéndome) con el tiempo se acordará de nada porque la memoria la usa por conveniencia (Y me acordé de unos cuantos que no pagan ni promesas.) Así que tiene que haber una máquina que le recuerde las cosas a la gente.
Dijo, con ojos de Einstein, mirando hacia el Barrio La Aceituna.
Siempre me acuerdo de lo que nunca olvidé. El técnico villalbeño tenía razón. Inventó la grabadora y la maquinilla lo que es lo mismo que la memoria, y algo más de historia de Villalba.
Pero a nadie le importó ni lo escribió.
Mirandas Bakery
-Tengo este aparatito que graba lo que dices, y este dándole aquí, como tocando piano, te escribe en letra legible lo que no aprendiste por irte a buscar jobos al Pasto Parejas, en vez de ir a la Makñons a aprender con Ms. Burgos, Ms. Martínez o Mr. Guzmán.
Den gracias a Ramonche en sus oraciones que todavía tengo la grabadora y la maquinilla que inventó para poder publicar estas crónicas. Para los que no lo recuerdan, porque no habían nacido para ese tiempo, Villalba era un pueblo donde se sabía todo, se producía todo lo necesario, y se conocían los dueños de los comercios, y se conocían hasta a los vecinos.