27/09/2026
Juan Carlos Monedero
Hace 15 años, el 15M dio tanta luz porque todo el mundo entendió, en mitad de una crisis de régimen -hacía aguas el bipartidismo, la monarquía, la banca, el centralismo, el modelo laboral, la violencia institucional, el neoliberalismo- que no era el momento de los partidos. Ni de los viejos -ninguno tenía credibilidad- ni de crear nuevos. Tocaba horizontalidad, espontaneidad, pluralidad, conversación, calle. Era un momento "destituyente" convertido en una escuela de ciudadanía de donde saldría, cuando fue el momento adecuado, la izquierda municipal y estatal más esperanzadora desde la muerte de Franco. El sistema lo sabía y la reventó (nosotros también pusimos algo de nuestra parte).
Ver a la gente otra vez en la Puerta de Sol y en las calles y las plazas siempre es esperanzador, aunque los tiempos son otros y, como un recuerdo fatídico, la derecha bárbara, igual que en aquél momento, está a las puertas de La Moncloa. En las calles es donde el miedo cambia de bando, donde los equilibrios electorales se solventan a favor de las mayorías o no valen, y donde los fondos buitre no pueden sobornar ni chantajear ni ofrecer falsas excusas a nadie.
Emociona que nuevas generaciones aprendan el camino de las calles y las plazas, que vuelvan a discutir sobre el presente y el futuro porque entiendan que así no vamos a ningún lado, que entiendan que no es solamente la vivienda -siendo uno de los derechos humanos más vulnerados-, sino también el calentamiento global, las guerras (a donde quieren regresarles), las migraciones y su maltrato, la precariedad laboral, las desigualdades de género y raza, la IA en manos de dementes, el genocidio de nuevo en la agenda... ¡Vamos! Los conflictos no se solventan solo parlamentarizándolos.
Como terminaba hace quince años en el Curso Urgente de Política para Gente Decente "nos vemos en las calles".