11/09/2023
Convencido pero lleno de temor es mi
deber cumplir con el mandato del
Maestro, pues fuera, en el mundo se, que
sus hijos desorientados, tienen sed de su
palabra . Él, ha llenado mi vida haciéndome dichoso
con su oscura sabiduría. Aun así sé que mis días
están contados, el Santo Oficio, andan muy cerca
tras mis pasos, las habladurías del pueblo del
nazareno, ya han condenado mis viejos y débiles
huesos, sin embargo soy feliz. El me ha prometido
más allá de cualquier paraíso intangible, la
inmortalidad de la leyenda y la admiración de todos
sus hijos.
Yo herede mi oficio de encuadernador de mi
padre, el cual lo heredo de su padre, generación tras
generación los Torchiam hemos envuelto en piel y
oro, las mentiras, pero también la sabiduría de la
iglesia. Y como auténticos tamices hemos aprendido a
separar la realidad de la burla.Hace tiempo en mi mocedad, mi padre me
enseño el arte de hablar y comunicarme con mi señor,
las antiguas palabras de invocación fueron
transmitidas de su boca a mi oído y quedaron
grabadas muy adentro mío, hasta escribirse al fuego,
en mi propia alma. Cuando alcancé la edad justa y mi
sabiduría me había hecho rico y poderoso, el Maestro
acudió a mi casa, vino cual fraile barbudo y anciano
pero sus ojos refulgentes y sabios no podían engañar
a los míos, lo reconocí enseguida y haciéndome
levantar, pues ante su presencia me había
arrodillado, me entrego un viejo libro escrito de su
puño letra, cuyo título decía en grandes caracteres
“DELOMELANICON”. Durante años estudie este
sagrado y apreciado libro, regalo de mi más querido
Maestro, su lenguaje era tan arcaico que a veces, él
debía acudir en mi ayuda para iluminar las zonas
oscuras. Y es por eso, que con permiso de aquel que
escribió el primer libro, he querido escribir un
volumen cuya sabiduría, empape he ilumine al
inteligente y oscurezca y enloquezca la razón de los
simplones y de los cobardes. Me fue prohibido
e