27/03/2026
El Caballito amarillo que hoy se ve en Paseo de la Reforma, en el cruce con Bucareli, es una escultura realizada por Sebastián e instalada en 1992. Mide aproximadamente 28 metros de altura y cerca de 10 metros de diámetro, y fue construida en acero con un diseño abierto y hueco.
Desde su origen no fue concebida únicamente como una obra estética. El proyecto incluía un requisito técnico específico: funcionar como respiradero del sistema de drenaje profundo que pasa por esa zona de la Ciudad de México. Debajo de ese punto circula infraestructura hidráulica que genera gases y vapores, por lo que era necesario un punto de ventilación. La escultura cumple esa función al permitir la salida y dispersión de estos gases a través de su estructura, evitando la acumulación de presión y reduciendo riesgos.
La decisión de colocar una escultura en ese punto también respondió a un criterio urbano. En lugar de instalar una estructura técnica visible, se optó por integrar la solución a través de una pieza de arte público que mantuviera la estética de una de las avenidas más importantes de la ciudad.
Ese mismo sitio ya estaba asociado desde el siglo XIX con otra escultura conocida como “El Caballito”. Se trataba de la estatua ecuestre de Carlos IV de España, realizada por Manuel Tolsá e inaugurada en 1803. Esta obra, considerada una de las esculturas ecuestres más importantes de su época, tuvo varias ubicaciones a lo largo del tiempo. Primero estuvo en el Zócalo, después fue trasladada, y en 1852 se colocó en la intersección de Reforma y Bucareli, donde permaneció por más de un siglo.
En 1979, como parte de un proceso de reorganización urbana y resignificación simbólica del espacio público, la estatua fue retirada de ese punto. No fue destruida, sino reubicada en la Plaza Manuel Tolsá, frente al Museo Nacional de Arte, donde permanece actualmente.
El espacio que dejó libre permitió resolver simultáneamente dos necesidades: sustituir un monumento asociado al periodo colonial y atender un requerimiento técnico del subsuelo urbano. La instalación del Caballito de Sebastián respondió a ambas condiciones, integrando una obra contemporánea con una función de infraestructura.
Actualmente, ambos “caballitos” coexisten en la ciudad con funciones distintas. El de Tolsá permanece como una pieza histórica en el Centro Histórico, mientras que el de Sebastián, en Reforma, combina escultura monumental con un uso práctico dentro del sistema urbano.