14/07/2015
Día a día aumenta el consumo de nuevas tecnologías, que van dejando obsoletos una gran cantidad de productos. Para tener una referencia, un estudio de la EPA (Agencia de Protección Ambiental, Estados Unidos) indica que, en los países en desarrollo, el promedio de vida útil de los computadores ha disminuido de seis años en 1997 a dos años en el 2005. Si bien el dinamismo del mercado eléctrico y electrónico contribuye al desarrollo económico de las naciones, éstas se ven enfrentadas a un gran problema: ¿Qué hacemos con aquellos artículos que quedan obsoletos? El problema radica en que éstos poseen sustancias peligrosas como plomo, mercurio, cadmio y berilio, entre otros, que pueden provocar daños a la salud y al medio ambiente. Por esto, se torna indispensable que las personas y las empresas actúen responsablemente, seleccionando alternativas que permitan realizar una correcta gestión de los residuos al final de su vida útil.
Esta necesidad ya ha sido detectada por algunos países, los que han declarado políticas y leyes para regular el problema. Por ejemplo, Directiva de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) ha sido implementada en algunos países de la Unión Europea, con la misión de mejorar el comportamiento ambiental de todos los agentes involucrados en el ciclo de vida de los aparatos, desde su diseño hasta la disposición final de éstos. Incluso se obliga a los productores de tecnología a responsabilizarse por los aparatos y dispositivos que producen y que han llegado al término de su vida útil, encargándose de su recogida y dando un tratamiento responsable