15/05/2026
𝐌𝐚𝐮𝐫𝐢𝐜𝐢𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐲𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐨𝐟𝐞𝐫𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐯𝐢𝐝𝐚, 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐧𝐬𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐬𝐮 𝐜𝐡𝐢𝐩.
El muchacho llegó arrastrando los pies, con los ojos vidriosos y un teléfono último modelo en las manos que todavía olía a caja nueva. Lo puso sobre el mostrador de cristal como si fuera un cristal sagrado.
—Hermano, por favor dime que puedes hacer algo —me dijo, y se le quebró la voz—. Le acabo de meter el chip que te compré hace un momento y me sale esto.
Miré la pantalla táctil de seis pulgadas. En letras rojas y grandes, el sistema no dejaba avanzar: "Dispositivo bloqueado por falta de pago con la compañía original".
Me guardé el diagnóstico un segundo porque sabía el dolor que venía.
—¿Dónde lo compraste, amigo? —le pregunté.
—En el estacionamiento del centro comercial. Un tipo lo publicó en Facebook en remate porque 'tenía una urgencia médica'. Me enseñó la factura, venía sellada. Le di los quince mil pesos que estuve ahorrando todo el año trabajando en la mudanza. El teléfono encendió bien con su chip, me lo dio, nos despedimos... y cuando caminé hacia acá para comprarte mi chip y mis audífonos, la pantalla se puso así.
Revisé el número de IMEI en el sistema de reporte global. Mi computadora arrojó el resultado de inmediato: el teléfono había sido sacado a crédito un día antes en una tienda departamental con una identificación falsa. En cuanto el estafador recibió los quince mil pesos en efectivo del muchacho, la compañía bloqueó el equipo a distancia por fraude.
La factura que le dieron era de papel común, editada en una computadora.
—Te estafaron, hermano —le dije, bajando la voz—. El teléfono no está descompuesto. Está bloqueado por la lista negra de la compañía. El tipo que te lo vendió ya dio de baja su cuenta de Facebook y probablemente tiró el chip con el que te contactó.
El muchacho se recargó en el mostrador, se tapó la cara con las manos y empezó a llorar en silencio. Un hombre de veinte años, con las manos llenas de callos por cargar muebles, llorando por la ambición de un delincuente.
—Es todo lo que tenía... —decía entre dientes—. Era el regalo de graduación para mi hermana.
Me dolió el alma. En este negocio veo esto tres veces por semana. La gente cree que encuentra la oferta de su vida en redes sociales, sin entender que la tecnología hoy en día está amarrada a contratos y satélites.
—Escúchame bien —le dije, tocándole el hombro—. El teléfono no se puede liberar de forma comercial porque tiene reporte de adeudo legal. Pero no todo está perdido. Vamos a hacer una carpeta con los datos del anuncio, el número de serie y la falsa factura para que vayas a la fiscalía. Y la próxima vez, antes de soltar un solo peso en la calle, ven aquí. Nosotros revisamos el historial del celular gratis antes de que lo compres.
El muchacho asintió, limpiándose las lágrimas, cargando un pedazo de plástico inservible de quince mil pesos.
Los estafadores pescan en el río de la ilusión. Un celular no es ropa ni un mueble; es un dispositivo conectado a un sistema legal. Si el precio es demasiado bueno para ser verdad, desconfía. Es mejor comprar un chip, un accesorio o un equipo en un local establecido que te mire a los ojos y te dé una nota firmada, que comprar un hermoso pisapapeles en una esquina fría.