30/06/2023
En su libro Through the Eyes of a Lion (A través de los ojos de un león), Levi Lusko relata lo siguiente:
El hecho de que las leonas no tengan una melena grande y notable les ayuda a acercarse sigilosamente a su presa. Permanecen al acecho, ocultas en la hierba alta, inmóviles como estatuas. Los machos desempeñan un papel importante, aunque pequeño. Mientras las hembras acechan a sus presas por detrás, el rey de la selva viene de frente y emite uno de esos rugidos que lo hacen estar en la cima de la cadena alimentaria. Este sonido es tan potente que puede oírse hasta a ocho kilómetros de distancia. Oír ese ruido aterrador hace que las gacelas corran lo más lejos posible de él. De lo que no se dan cuenta es de que, por muy aterrador que suene, no es la fuente del verdadero peligro. Así que corren directamente hacia la verdadera amenaza: ¡la leona que espera para matar! En otras palabras, los instintos de la presa están equivocados. Seguir sus instintos les hace cometer el último error de sus cortas y pequeñas vidas. Va en contra de los instintos, pero la elección correcta sería no prestar atención a sus emociones y correr hacia el rugido, en vez de huir de él.
Si usted es como la mayoría de las personas, de una forma u otra, puede que se sienta como una gacela, sumido en un estado de confusión por los recientes rugidos que llegan a su vida por todos lados. Esos rugidos se pueden traducir en:
MIEDO: ¿Qué es lo que me espera?
PREOCUPACIÓN: ¿Qué pasará con mi situación?
CONFUSIÓN: Señor, ¿por qué permites que me pase esto?
Es difícil encontrar el camino en medio de esas situaciones; uno se siente desorientado, fuera de sí, e incapaz de librarse del fuerte deseo de salir corriendo. A dónde, precisamente, no sabemos. Uno solo quiere correr.
Afortunadamente, hay mejores opciones. A continuación he enumerado tres afirmaciones que le ayudarán a prepararse para lo que está por delante. Fíjese que las escribí en primera persona. Lo hice para enfatizar lo que debemos hacer de manera individual, y no solamente de forma corporativa. Las tres afirmaciones son: 1-Me mantendré firme, 2-Estaré alerta y 3-Recordaré quien está de mi lado.
ME MANTENDRÉ FIRME
En estos tiempos tan difíciles, hay muchas probabilidades de que otros «rugidos» lleguen pronto a mi vida, así que no debería sorprenderme cuando lleguen: «Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese» (1ª Pedro 4:12). Puesto que el ser humano más rápido de la tierra, Usain Bolt, alcanza un máximo de 45km por hora, y un león corre a 80 km por hora, sería inútil huir. No se puede huir de los rugidos. Proverbios 28:1 enseña que los malvados huyen aunque nadie los persiga, pero los justos están confiados como un león. Por tanto, seré valiente y no cederé mi territorio.
El mandato del Señor para mí es muy claro: en lugar de huir del rugido del enemigo en cualquiera de sus formas, debo mantenerme firme, y él huirá de mí: «(…) Resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Santiago 4:7). A lo largo de mi vida me he dado cuenta de que elegir el camino más fácil conduce invariablemente a callejones sin salida; y ese es el peor lugar donde podemos terminar. De un modo u otro, tendré que hacerle frente al rugido, así que más me vale ganar impulso corriendo directamente hacia él desde el principio. Como dijo Winston Churchill, uno nunca debe darle la espalda a una amenaza de peligro, ni intentar huir de ella. Si lo hace, duplicará el peligro. Pero si lo afronta con prontitud y sin acobardarse, reducirá el peligro a la mitad. Nunca huya de nada. Nunca.
ESTARÉ ALERTA
En estos tiempos difíciles, he aprendido a estar más alerta. Por ejemplo, estoy alertado sobre el hecho de que existen rugidos que nunca pensé que existieran, y de que instituciones que consideraba estables no son tan seguras como creía. El elemento sorpresa, que antes me tomaba desprevenido, ahora ya no me sorprende tanto. Ahora puedo identificar fácilmente los distintos tonos que emiten ciertos rugidos (los más feroces de mi vida) y el daño que son capaces de hacer. Cuando llegue la próxima ronda de rugidos, y sin duda llegará, estaré mejor preparado, como advierte el apóstol Pedro, para estar alerta. «Porque vuestro adversario el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resistidle firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en Cristo, Él mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá». (1ª Pedro 5:8-10 LBLA)
RECORDARÉ QUIÉN ESTÁ DE MI LADO
Incluso en los momentos más difíciles, no importa cuán feroz sea el rugido al que me enfrente, ya sea financiero, emocional, físico u otro, nunca debo olvidar Quién está de mi lado y a Quién pertenece la victoria. Es Cristo Jesús quien me dice: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Por lo tanto, no tengo otra opción que mantenerme firme, estar alerta y recordar Quién está de mi lado.
«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo».
Juan 16:33