11/05/2017
Es un negocio criminal bien estructurado y con una cadena delictiva que incluye el robo en la calle, el desmantelamiento, la venta dentro o fuera de las fronteras nacionales y personal en instituciones del Estado para falsificar documentación. Cada día desaparecen en promedio 13 automotores y la acción criminal a veces termina en muerte, pero hay maneras de prevenirlo.
Era el Día del Cariño y Juan Ramón García Láynez, un vendedor de productos mexicanos, viajaba en su vehículo con su esposa y dos hijas de 4 y 5 años. De repente, al llegar a un cruce de la zona 8 capitalina, dos sujetos se subieron al auto, los atemorizaron y luego se robaron el automotor.
Esa experiencia lo marcó para toda la vida. Aún se despierta alterado y a su memoria vienen los recuerdos de ese desgraciado día en que, frente a su familia y con un arma en la cabeza, le arrebataron el automóvil.
Casos como el de García se repiten debido a que el robo de vehículos no se detiene, aunque las estadísticas oficiales dan cuenta de que este tipo de delito ha disminuido en los últimos años; sin embargo, la cantidad de hurtos sigue siendo alta: en promedio, 13 por día –uno cada hora y media–.
En algunos casos, los asaltos terminan con la muerte del propietario cuando este se niega a entregar su medio de transporte. Los automotores más apetecidos por las mafias son vehículos de gama media, con precios que oscilan entre Q70 mil y Q120 mil y que tengan en apariencia mucho uso, ya que casi siempre los toman para vender sus partes.
En cambio, ha disminuido el robo de autos de lujo, sobre todo porque salen de las compañías importadoras con seguro y con un sistema satelital de localización, obligatorio para adquirir la póliza en contra de robo. Este tipo de dispositivos se ha convertido en un fuerte disuasivo para las bandas de robacarros.
Según las investigaciones sobre las estructuras que operan en el país, estas tienen personal infiltrado en las instituciones del Estado –para que legalice los papeles y facilite que salgan del país–, así como vínculos con talleres que los desmantelan y negocios que venden las partes, las famosas hueseras.
La mayor cantidad de robos –delito a mano armada– y hurtos –se los llevan cuando están parqueados y sin violencia– ocurren en las zonas 1, 6, 7, 11, 12, 13 y 18 de la capital y en Escuintla, Quetzaltenango, Sacatepéquez y Chimaltenango, de acuerdo con información oficial.
Los lunes, según expertos, son aprovechados para el robo de carros debido a que los oficiales de la Policía Nacional Civil (PNC) se trasladan a la capital para participar en reuniones con los mandos policiales y dejan las Comisarías sin agentes y autopatrullas.
Actualmente, el parque vehicular, de acuerdo con la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), supera los dos millones, de los cuales 668 mil 444 son automotores y 534 mil 505 picops. El resto son camiones, paneles, motocicletas y otros.
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