10/08/2018
Viajando más rápido que la velocidad de la luz:
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Es evidente que hay o existe una limitante "física" descubierta y/o impuesta por los investigadores de este planeta, según la cual este universo no puede exceder la constante cosmológica que es denominada o mayormente conocida como "velocidad de la luz", la cual por cierto, es variable en cierto aspecto (según el medio donde se propague el mismo), aunque no es totalmente evidente, y menos comprobable (más no innegable) que existan velocidades superiores a ella a la cuál se mueven ciertos "objetos".
Obviamente que estos objetos tienen una velocidad de vibración molecular y espacio-temporal distinta, por ello escapan a las leyes físicas de este universo "observable y perceptible a través de los sentidos". Las vibraciones superiores son ampliamente conocidas (tal vez por muy pocos), y directamente puede encontrarse en los cristales de cuarzo, amatista larimar, jaspe rojo, tungsteno, citrina, etc.
Es fascinante que, aparte de sus propiedades sanadoras, también posean propiedades vibracionales que pueden ayudar a uno a elevarla. En cierta forma, son gemas que pueden ayudarnos a incrementar nuestra evolución, a aprender cosas que tal vez ignoramos, a protegernos en cierta forma (muchos los usan por cábala o como amuleto) pero no olvidemos que en ellas se origina o son fuente de energías vibracionales sutiles, que no pueden ser percibidas a simple vista pero que existen.
Los universos "superiores" pueden ser accesados de muchas maneras, mediante sueños (la forma más fácil y común), visualizaciones, desdoblamientos y/o viajes astrales, etc... La velocidad de vibración del pensamiento es muy superior a la del común denominador, propia del intelecto humano.
Lastimosamente, para creer algo, uno tiene que demostrarlo físicamente y replicarlo, formular una teoría que sirva de explicación para un fenómeno, hecho o suceso. Esto limita en parte nuestra comprensión del mundo espiritual, pero como leí por ahí, el día que la religión se una al conocimiento científico, ello conducirá a una nueva comprensión interna, a una revolución intelectual, filosófica, cultural, donde todos los grandes progresos de la humanidad a lo largo de su evolución serán insignificantes ante los avances espirituales y tecnológicos que vamos a disfrutar.