27/05/2021
Hoy, hace ya 6 años, comencé a realizar proyectos como profesional independiente, a través de diferentes páginas como Freelancer, Elance, Guru o Upwork. Seis años duros, en los que después de ver el balance, he podido comprobar que he trabajado en la friolera de más de 80 proyectos diferentes: diseño de dispositivos de microondas, antenas, dispositivos médicos, sistemas de calentamiento por microondas, estudios técnicos y de viabilidad...
Más de 80 proyectos en 6 años es un valor claro de lo que representa esta ingeniería: la resolución de problemas complejos. Una ingeniería de la que me siento orgulloso, puesto que es la creación que siempre quise hacer. Durante muchos años mis éxitos se apagaban al trabajar como miembro del staff técnico de I+D de empresas privadas que se llevaban la gloria. Ahora, la gloria es mía, porque sé que todo ha salido del cerebro que se aloja en esta cabeza, como antes lo hizo para aquellas empresas en las que trabajé.
Han sido años duros: poner en marcha una ingeniería técnica, con la competencia que hay, es muy difícil. Mi amigo puede dar buena fe de ello. Sobre todo porque las grandes ingenierías tienen ya sus recursos y las pequeñas no tienen tanto trabajo para ti. Por eso, en lugar de centrarme en buscar clientes en España, me dediqué, con el esfuerzo que eso conlleva, a buscar clientes en el ámbito internacional: negociaciones en inglés, facturas cuyos pagos no están garantizados y encima sometidos al vaivén del cambio del dólar, solucionar malentendidos a distancia y por videoconferencia...
Es un duro trabajo, pero cuando haces, como hoy he hecho, balance, y ves que empresas españolas, pequeñas ingenierías que están tratando de buscar su hueco, te llaman para pedir tu ayuda, tu consejo profesional o tu capacidad como ingeniero, ves que esos años duros han sido bien invertidos.
Hoy, esta oficina técnica está comenzado a recoger los frutos de esos duros años, pegado a un PC y esperando que me llegase un nuevo trabajo. Mientras que en aquellos años tenía que espantar a mi gato Leo, ahora tengo que contestar casi 20 llamadas diarias, hablar mientras me estoy tomando una cerveza con mi cliente en la costa Este de los EE.UU. o resolver una cuestión que a mi cliente de Badajoz le ha surgido mientras hacía un test.
Esta ingeniería tiene la intención de seguir creciendo. Lo va a hacer como siempre ha sabido hacerlo: resolviendo problemas. Lo siento por los que me dieron por amortizado. Podían haber ganado muchísimo dinero y no lo consideraron siquiera.