16/12/2025
Can Joan de s’Aigo, Palma.
Alrededor de 1700 Joan Thomàs, natural de Valldemossa, se dedicaba en invierno a reclutar hombres para recoger nieve en la Serra de Tramuntana y guardarla en las llamadas ‘cases de neu’ con el objetivo de tener reservas de hielo para la primavera y el verano. Estas construcciones estaban compuestas por un pozo excavado en la tierra y rodeado de muros de piedra seca, una cubierta inclinada de tejas y una puerta de acceso. La nieve se introducía por bombarderas laterales para facilitar su entrada y se compactaba mediante capas de nieve, ceniza y carrizo, lo que permitía conservar el hielo durante todo el verano gracias a la inercia térmica del suelo y las bajas temperaturas de las altas cumbres.
Con el hielo se hacían los llamados ‘pans de neu’ que se vendían para uso doméstico. Joan tuvo entonces la idea de aprovechar el agua formada al derretirse los panes, mezclándola con zumo de frutas o almendras, que de hecho fue el primer helado que hizo. Poco tiempo después, comenzó la producción de chocolate caliente y de ensaimadas. Can Joan de S’Aigo se convirtió así, si no en la más antigua, en una de las primeras chocolaterías de Europa. Con el paso del tiempo, aparecieron los diferentes tipos de helados y las pastas más tradicionales, destacando los ‘cuartos’, mis preferidos.
El primer local abrió en 1700 y estuvo situado entre las actuales calles Carnisseria y Vidrieria, junto a la iglesia de Santa Eulalia. En las fotos en blanco y negro podemos ver la fachada con el rótulo y otra del interior. Este rótulo se copió para los siguientes locales. El primero en Can Sanç (1977) -conserva todos los detalles del primer local y un mural cerámico pintado a mano de finales del XIX de la fábrica La Roqueta-, el segundo en la zona de Jaume III (1990), y el tercero (2018) en el antiguo bar Triquet, en un hermoso edificio modernista obra de Gaspar Bennàssar (1909).
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