12/07/2026
Hoy se ha presentado en mi tienda un vendedor de una conocida marca de paquetería, ofreciéndome convertirme en punto de recogida de sus envíos. Le he expuesto mi rechazo frontal a este sistema, que no es más que una forma más de que las grandes plataformas sigan minando el comercio de proximidad. Su respuesta ha sido la habitual: que muchos negocios se están apuntando porque no llegan a fin de mes y así consiguen unos euros extra.
Le he planteado entonces una pregunta que, sospecho, ninguno de esos "adheridos" se ha hecho: ¿qué pasa si un día uno de esos paquetes prende fuego? El perito de la aseguradora inspeccionará el contenido siniestrado, y si resulta que ese producto no está contemplado en la póliza del negocio, la indemnización puede quedar denegada. Es decir: el pequeño comerciante no solo pone su local, su tiempo y su imagen al servicio gratuito de esta gran marca, sino que además asume un riesgo que ni siquiera está cubierto por su propio seguro.
Le he expuesto esta reflexión al propio vendedor, y lejos de restarle importancia, la ha confirmado sin rodeos: había trabajado anteriormente en el sector y conocía bien tanto los procedimientos como el criterio de los peritos en estos casos. Es decir, no se trata de una sospecha mía, sino de algo que quien vende este sistema puerta a puerta ya sabe de primera mano.
Esta gran marca se ahorra almacenes y logística de última milla. El comercio de barrio pone el espacio, el riesgo... y encima ayuda a alimentar al mismo gigante que le está vaciando la tienda.