24/01/2012
paparruchadas de un viejo, dirás que son solo palomas... - El
Sabio Anciano fijó su mirada en el atento joven - ¿Pero
cuantas personas duermen sintiendo envidia por los más
"afortunados"?
Kan no dijo nada, estaba bien claro lo que el anciano le había
dicho. La sabiduría de sus palabras era inmensa, por fin
comprendía muchas cosas... no sólo de esa tarde, sino de toda
su vida... mientras pensaba esto Kan se fijó en la paloma de
su mano, se había quedado dormida justo encima de la comida,
en ese momento despertó ligeramente, cogió un buen bocado de
semillas, las tragó y volvió a dormirse.
- Y esa Paloma Kan - dijo tranquilamente el viejo - Esa paloma
eres TÚ! - El joven le miró asombrado - Si tú Kan, porque como
tú esta paloma no se ha conformado con las migajas del suelo,
tú has ido directamente a la fuente y te has quedado a vivir
en ella. - El anciano se acomodó en su asiento - Si te
acuerdas, al principio esta paloma estaba asustada como la que
más, sin embargo vio que la recompensa por confiar en ti, por
subirte a tu mano era enorme. ¡Esta es la paloma más feliz y
rica de todo este palomar! - Dijo el anciano resaltando sus
palabras con un gesto de sus brazos que abarcó todo el patio -
Después de arriesgarse vió que realmente estaba segura entre
tus manos y se dispuso a comer tranquilamente. Incluso ahora,
mientras las palomas del fondo pasan hambre... ella duerme
tranquila, con la barriga llena y con mucha más comida a su
disposición. - El anciano señaló a las palomas del fondo - las
demás podrían hacer lo mismo, podrían volar hasta tus manos a
comer y dormir tranquilas...
Kan guardó silencio para meditar las palabras del anciano...
eran ciertas, todas las palomas tenían las mismas
oportunidades, la única diferencia estaba en cual era la
paloma que tenía el valor para hacerlo. Igualmente todos los
seres humanos contaban con las mismas oportunidades... la
diferencia estaba en quienes eran cobardes y se escondían
detrás de culpabilidades y "suertes"... y quienes eran
valientes y hacían lo que tenían que hacer para alcanzar ese
premio sublime.
- Aún más anciano - Exclamó el Joven Samurai entusiasmado -
mira las palomas, algunas son blancas y otras grises, unas
tienen más plumas y otras menos, unas tienen las patas enteras
y a otras les ha comido algún dedo algún gato... sin embargo
por ninguna de esas características externas podemos juzgar
cuales de ellas se quedarán con hambre y cuales no, por
ejemplo aquella bellísima paloma toda blanca - dijo señalando
con su mano Izquierda, ya que en la derecha dormía la palomasamurai
- es un paloma preciosa, con unas alas que sin duda le
facilitarían el volar rápida y presta hasta la comida, sin
embargo se queda allá, alejada y mu**ta de hambre porque le
falta valor. Y a esta de aquí le falta una pata, y eso no le
impide comer. Bellas y mutiladas, débiles y Fuertes están
mezcladas... pero ninguna de estas características les hace
alcanzar la comida, sino que es el valor y el coraje de su
corazón lo que les impedirá morirse de hambre y comer!
- Exacto! Has entendido muy bien! Solo falta una cosa - El
anciano miró fijamente al joven - ¿Te acuerdas cuando te mandé
que ofrecieras las semillas a las palomas del fondo? A las
cobardes... ¿Qué ocurrió?
- Pues que huyeron, les parecería que debía de haber alguna
trampa... y prefirieron quedarse con hambre a arriesgarse.
- Pues así actúan muchísimas personas querido Kan... ¡E
incluso peor! Algunas a las que les ofreces en bandeja de oro
las semillas del éxito... huirán, otras te insultarán, otras
sospecharán de ti, otras te pondrán a prueba... ¿Por qué?
Porque su corazón es débil y cobarde, no tienen un verdadero
espíritu luchador. Y dime Kan... ¿Quieres personas así en tu
ejercito?
Kan despertó en ese momento a una realidad que no había visto
hasta entonces, esta no solo era una simple lección sobre el
corazón humano, la forma de comportarse de la gente y el cómo
saber diferenciarlos, era también... ¡Un consejo de
incalculable valor! Porque si aprovechaba bien los
conocimientos que hoy había adquirido podría formar un
ejercito de personas verdaderamente valientes y audaces,
podría desechar a todas las palomas cobardes y a las que viven
en un mundo de sueños y falsas realidades para quedarse
solamente con aquellas que realmente eran valientes y puras de
corazón, las que venían ellas solas a comer las semillas del
éxito y con aquellas únicas palomas que iban directamente a
comer de la fuente. ¡El suyo sería un ejercito invencible!
- Claro que no quiero a cobardes en mi ejercito! A partir de
hoy dejaré de correr detrás de las palomas cobardes y daré las
semillas únicamente a aquellas que tengan el valor de saber
captar y aprovechar la oportunidad a la primera. ¡Porque
únicamente esas son las que me interesan! ¡Solo las valientes
y decididas!
- Perfecto! - Contestó el anciano - Porque yo llevo toda mi
vida intentando que las personas que son como aquellas palomas
del fondo vuelen hasta la comida... ¿Y sabes lo que he
conseguido? - pregunto al joven - ¡NADA! Que huyan una y otra
vez... créeme, por mucho tiempo que corras detrás de ellas no