Mª Teresa Andrio

Mª Teresa Andrio Considera que mi trabajo es ayudarte. Sólo alcanzarás el Éxito, si ayudas a otras personas a conseguirlo.

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28/01/2012

buen fin de samana a todos y muchos exitos

24/01/2012

LA ENTRENADORA

24/01/2012

paparruchadas de un viejo, dirás que son solo palomas... - El
Sabio Anciano fijó su mirada en el atento joven - ¿Pero
cuantas personas duermen sintiendo envidia por los más
"afortunados"?
Kan no dijo nada, estaba bien claro lo que el anciano le había
dicho. La sabiduría de sus palabras era inmensa, por fin
comprendía muchas cosas... no sólo de esa tarde, sino de toda
su vida... mientras pensaba esto Kan se fijó en la paloma de
su mano, se había quedado dormida justo encima de la comida,
en ese momento despertó ligeramente, cogió un buen bocado de
semillas, las tragó y volvió a dormirse.
- Y esa Paloma Kan - dijo tranquilamente el viejo - Esa paloma
eres TÚ! - El joven le miró asombrado - Si tú Kan, porque como
tú esta paloma no se ha conformado con las migajas del suelo,
tú has ido directamente a la fuente y te has quedado a vivir
en ella. - El anciano se acomodó en su asiento - Si te
acuerdas, al principio esta paloma estaba asustada como la que
más, sin embargo vio que la recompensa por confiar en ti, por
subirte a tu mano era enorme. ¡Esta es la paloma más feliz y
rica de todo este palomar! - Dijo el anciano resaltando sus
palabras con un gesto de sus brazos que abarcó todo el patio -
Después de arriesgarse vió que realmente estaba segura entre
tus manos y se dispuso a comer tranquilamente. Incluso ahora,
mientras las palomas del fondo pasan hambre... ella duerme
tranquila, con la barriga llena y con mucha más comida a su
disposición. - El anciano señaló a las palomas del fondo - las
demás podrían hacer lo mismo, podrían volar hasta tus manos a
comer y dormir tranquilas...
Kan guardó silencio para meditar las palabras del anciano...
eran ciertas, todas las palomas tenían las mismas
oportunidades, la única diferencia estaba en cual era la
paloma que tenía el valor para hacerlo. Igualmente todos los
seres humanos contaban con las mismas oportunidades... la
diferencia estaba en quienes eran cobardes y se escondían
detrás de culpabilidades y "suertes"... y quienes eran
valientes y hacían lo que tenían que hacer para alcanzar ese
premio sublime.
- Aún más anciano - Exclamó el Joven Samurai entusiasmado -
mira las palomas, algunas son blancas y otras grises, unas
tienen más plumas y otras menos, unas tienen las patas enteras
y a otras les ha comido algún dedo algún gato... sin embargo
por ninguna de esas características externas podemos juzgar
cuales de ellas se quedarán con hambre y cuales no, por
ejemplo aquella bellísima paloma toda blanca - dijo señalando
con su mano Izquierda, ya que en la derecha dormía la palomasamurai
- es un paloma preciosa, con unas alas que sin duda le
facilitarían el volar rápida y presta hasta la comida, sin
embargo se queda allá, alejada y mu**ta de hambre porque le
falta valor. Y a esta de aquí le falta una pata, y eso no le
impide comer. Bellas y mutiladas, débiles y Fuertes están
mezcladas... pero ninguna de estas características les hace
alcanzar la comida, sino que es el valor y el coraje de su
corazón lo que les impedirá morirse de hambre y comer!
- Exacto! Has entendido muy bien! Solo falta una cosa - El
anciano miró fijamente al joven - ¿Te acuerdas cuando te mandé
que ofrecieras las semillas a las palomas del fondo? A las
cobardes... ¿Qué ocurrió?
- Pues que huyeron, les parecería que debía de haber alguna
trampa... y prefirieron quedarse con hambre a arriesgarse.
- Pues así actúan muchísimas personas querido Kan... ¡E
incluso peor! Algunas a las que les ofreces en bandeja de oro
las semillas del éxito... huirán, otras te insultarán, otras
sospecharán de ti, otras te pondrán a prueba... ¿Por qué?
Porque su corazón es débil y cobarde, no tienen un verdadero
espíritu luchador. Y dime Kan... ¿Quieres personas así en tu
ejercito?
Kan despertó en ese momento a una realidad que no había visto
hasta entonces, esta no solo era una simple lección sobre el
corazón humano, la forma de comportarse de la gente y el cómo
saber diferenciarlos, era también... ¡Un consejo de
incalculable valor! Porque si aprovechaba bien los
conocimientos que hoy había adquirido podría formar un
ejercito de personas verdaderamente valientes y audaces,
podría desechar a todas las palomas cobardes y a las que viven
en un mundo de sueños y falsas realidades para quedarse
solamente con aquellas que realmente eran valientes y puras de
corazón, las que venían ellas solas a comer las semillas del
éxito y con aquellas únicas palomas que iban directamente a
comer de la fuente. ¡El suyo sería un ejercito invencible!
- Claro que no quiero a cobardes en mi ejercito! A partir de
hoy dejaré de correr detrás de las palomas cobardes y daré las
semillas únicamente a aquellas que tengan el valor de saber
captar y aprovechar la oportunidad a la primera. ¡Porque
únicamente esas son las que me interesan! ¡Solo las valientes
y decididas!
- Perfecto! - Contestó el anciano - Porque yo llevo toda mi
vida intentando que las personas que son como aquellas palomas
del fondo vuelen hasta la comida... ¿Y sabes lo que he
conseguido? - pregunto al joven - ¡NADA! Que huyan una y otra
vez... créeme, por mucho tiempo que corras detrás de ellas no

19/01/2012

manos las semillas que antes había cogido, colocó en forma de
copa sus manos, igual que cuando bebía de un río... y esperó .
Unas pocas semillas cayeron de sus manos, pero al momento una
paloma enorme y preciosa se posó en el borde de sus manos y se
puso a comer de la gran cantidad de semillas que Kan tenía
entre sus manos. Era obvio que esta era la paloma más feliz de
todas, pues después de echarle un par de miradas de
advertencia al joven se puso a comer como una loca, con una
gran ansia y una gran alegría. Kan la observaba con la boca
abierta y sin mover un solo músculo, casi apenas respiraba de
la emoción que sentía al tener al bello pájaro entre sus
manos. Era lo que antes había deseado con las otras palomas
asustadizas... al ver que estaba segura en las manos del joven
humano, la paloma relajó sus plumas, retrajo una pata y se
dispuso a comer esta vez de una forma más calmada y
relajada... aunque con grandes bocados cada vez.
- Bien jovencito - dijo el Anciano Clérigo sacando al Joven
Samurai de su ensoñación - estoy esperando a que me lo acabes
de describir.
- Eh... - exclamo Kan buscando las palabras adecuadas - Una
paloma está sobre mis manos comiendo absolutamente todas las
semillas que quiere... al principio tenía miedo, pero ahora ha
visto que no tiene nada que temer de mí y come confiada y
tranquila.
- ¿Has entendido ya lo que te quiero decir?
- Aun no Clérigo - Dijo el joven ruborizándose - creo que voy
viendo alguno de los matices del tapiz, pero aun no soy capaz
de admirar toda su belleza.
- Bien, te ayudaré - dijo sonriendo el Sabio Clérigo, en
realidad le gustaba resaltar ante los demás que era el más
grande conocedor del corazón de los hombres - Las palomas que
ves al fondo son infelices y pasan hambre, tienen la comida a
su alcance, solo tienen que volar hasta aquí, cerca de
nosotros y cogerla... pero su miedo les impide hacerlo. Temen
que les hagamos algún daño. - El anciano hizo una pausa y miró
al joven, en su rostro se empezaba a iluminar la llama del
entendimiento - Realmente esas palomas son tan capaces de
coger las semillas y comer como las demás, pero sus miedos les
impiden alcanzar la comida...
- Los fantasmas del miedo y del fracaso los detienen - Murmuró
Kan entre dientes
- Perdona ¿Qué decías? - Preguntó el anciano - Mis oídos no
son lo que eran...
- Nada, nada. Por favor continuar.
- Bueno, pues decía que son tan capaces de alcanzar la comida
y de comer como las demás, pero que su miedo les impide
alcanzar la comida cuando... ¡Simplemente tienen que hacerlo!
- El anciano miró fijamente y con seriedad al joven - Esto le
pasa a muchos hombres, solo han de actuar, de hacer las cosas,
de luchar por ellas para alcanzarlas y cogerlas... y no lo
hacen por miedo a fracasar.
- Estas palomas que hay más cerca - Continuó el Sabio
cambiando de tono y señalándolas - como puedes ver, y tu mismo
has dicho, son la mayoría. Se conforman con unos pocos granos
seguros, aunque saben que no hay bastantes para todas. La
mayoría de ellas se quedará con hambre, y cada día las veras
un poco más flacuchas. Unos días tendrán suerte y comerán un
poco más, otros días tendrán menos suerte y comerán un poco
menos... sin embargo la mayoría de las veces sólo tendrán la
comida justa para sobrevivir... Realmente solo tienen que dar
un pasito más, acercarse a la comida... ¡Y tendrán toda la
comida que quieran! - El anciano se encogió de hombros - sin
embargo prefieren estar allá, a dos brazas de nosotros porque
se sienten seguras... y esa falsa seguridad las condena...
porque ¿Cómo pueden sentirse seguras si en el fondo de sí
saben que no hay comida para todas? - El anciano guardó una
pausa antes de continuar - Muchas personas son así, se agarran
a una falsa seguridad y viven infelices y preocupadas,
Kan estaba con la boca abierta, las palabras del anciano eran
la sabiduría más pura que nunca había oído... solo estaba
describiendo el comportamiento de unas simples palomas... y
estaba descubriendo el corazón humano a sangre viva... El
joven Samurai cerró su boca con la mano izquierda e intentó
mantener la compostura para asimilar mejor las palabras del
Sabio Clérigo.
- Estas otras palomas que están a nuestro alrededor son
afortunadas! ¿No crees? - La pregunta era retórica, así que no
esperó a que el joven le diera contestación - ¡POR SUPUESTO
QUE NO! Estas palomas simplemente han hecho lo que las demás
no se han atrevido ha hacer... ¡Acercarse hasta nosotros y
comer! - El anciano esperó un momento a que la sabiduría
impresa en sus simples palabras hiciera mella en Kan - Lo
único que han hecho es arriesgarse a venir hasta nosotros... y
comer. Nosotros no queríamos hacerles daño ¡Por eso les dimos
la comida! - El Viejo Sabio miró a los ojos a su joven pupilo
- Y como confiaron, se arriesgaron... y lo hicieron... ellas
dormirán esta noche con la barriga bien llena! Mientras que
las demás sienten envidia de ellas y piensan que son
afortunadas... – Gran San se rió de si mismo - Dirás que son

19/01/2012

brillar la llama del entendimiento... pero todavía solo eran
unas pocas chispas dispersas que no eran capaces de alumbrar
el complicado entramado de la argumentación del anciano.
- ¿Entiendes Kan?
- Todavía no estoy seguro ...me quieres decir que todos los
hombres son cobardes por naturaleza?
- ¡Ni mucho menos! - El anciano palmeó el asiento de piedra -
ven, vuelve a tu asiento y mira.
Kan así lo hizo... y después de un rato sin entender nada de
lo que estaba viendo preguntó...
- ¿Que estoy viendo anciano?
- ¡El comportamiento de los hombres querido niño!
- ¿Me lo puedes explicar clérigo? - La cara de Kan era una
mueca torcida... como su cabeza, que estaba ladeada en un vano
intento de entender mejor el misterio.
- ¡Mejor explícamelo tú! - EL joven Samurai le envío una
mirada de misericordia - ¡Venga! ¡Descríbeme lo que ves!
- Bueno, veo muchas palomas a nuestro alrededor - empezó Kan
resignado - unas pocas están muy lejos, mirando y alargando la
cabeza, pero tienen miedo de nosotros y no se acercan. - Kan
las señaló con un gesto - La mayoría está a una distancia de
un par de brazas de nosotros...
- La distancia justa de seguridad - añadió el anciano y ante
la mirada de extrañeza del joven agregó - Si estuvieran a una
braza, podrías cogerlas con solo alargar el brazo. Estando a
dos brazas, si haces un movimiento brusco para intentar
cogerlas... ellas tendrán el tiempo justo para echar a volar y
escapar - El anciano indicó con la mano a Kan que continuara
su descripción.
- Pues estas palomas están picoteando unos cuantas semillas,
aunque son pocas porque la mayoría está a nuestro alrededor -
El joven Samurai guardó silencio un segundo antes de añadir -
es extraño que no se acerquen más, pues son muchas palomas
para muy pocos granos.
- Exacto! Continúa por favor.
- Bueno, muy cercanas a nosotros - Kan estiró un brazo para
demostrar sus palabras - dentro de la distancia de una braza
están cerca de una docena de palomas... que se están poniendo
moradas, pues se están comiendo la mayoría de los granos que
echaste al suelo.
- Muy bien! Veo que sabes describir muy bien - El viejo señaló
las manos del chico - Ahora extiende tus manos en forma de
copa y dime lo que pasa.
El joven Kan, dándose cuenta de que todavía llevaba en las

13/01/2012

muchos como tú... ¡Me quedo sin trabajo! - Y prorrumpió en una
enorme carcajada - Dime, tampoco has tenido pensamientos
extraños sobre las mujeres...
- ¿Como que? - respondió extrañado Kan
- No, nada olvídalo - ¡Tampoco eso! Claro, era demasiado
joven... físicamente solo era un niño, aunque su mente fuera
la de un adulto.
- Kan, acércate y mira... - dijo el anciano mientras sacaba un
paquete de semillas de entre su túnica blanca - Esta es mi
distracción, tú miras el mar... yo doy de comer a las palomas
- Diciendo esto arrojó un gran puñado de semillas delante de
sí. Inmediatamente un estruendoso batir de alas llenó el aire,
y unas pocas palomas al principio y después docenas de ellas
bajaron desde el techo de la ermita hasta, literalmente,
rodear al joven y al anciano.
- Mira atentamente a esas palomas Kan, puesto que son iguales
a los hombres.
El joven Kan no sabía a qué se refería el anciano, las palomas
eran pequeñas y grises, tenían pico y alas... además no sabían
hablar y volaban... ¡Eran totalmente diferentes a los hombres!
Sin embargo el Samurai sabía reconocer cuando un hombre sabio
tenía ganas de hablar y dejó que la sabiduría del anciano
fluyera por su boca como un dorado río que no encuentra
ninguna resistencia a su paso, mientras riega los puros pastos
que ha de alimentar.
- Si Kan, veo en tu cara que te extrañas... pero estas
palomas, aun siendo totalmente distintas en su envoltura a
nosotros... en su esencia son iguales. Igual que el agua que
recorre el pozo y el cubo son la misma agua... el
comportamiento de las palomas es igual al de los hombres.
- Míralas atentamente Kan, míralas y dime que es lo que ves.
- Veo a muchas palomas comiendo - Dijo sinceramente Kan.
- ¿Seguro? - Dijo el anciano - Mira mejor!
Kan reflexiono unos instantes y añadió.
- Bueno, realmente hay algunas palomas comiendo y muchas que
no.
- Y... ¿Por que esas últimas no están comiendo Kan? ¿Acaso no
hay suficiente comida?
- Bueno... realmente si hay comida bastante, si se juntaran un
poco más y se acercaran aquéllas del fondo... podrían comer
más del doble de las que realmente están comiendo.
- Y... ¿Por que no se acercan? ¿Crees que no tienen hambre?
- Está muy claro que tienen hambre. Esa de ahí está
flaquísima! - El Joven Samurai las miró atentamente - Parece
que esas del fondo tienen miedo, y por eso no se acercan.
- ¿Dices que tienen miedo? - El anciano sonrió y miró
fijamente a Kan - Pues dices bien. Tienes toda la razón.
Tienen miedo y por eso no se acercan. Y ¿Por qué tienen miedo?
¿Les vas a hacer algo? ¿Planeas matarlas?
- ¿Yo? - Preguntó el Joven Samurai - ¡Por supuesto que no!
- Bien, yo tampoco... y a mí me conocen desde siempre, pues yo
ya estaba aquí mucho antes de que ellas nacieran - El Viejo
Sabio señaló al Joven Samurai y le dijo acusadoramente - Kan,
la culpa de que no coman es tuya ¿No sientes remordimientos?
- La verdad es que eso es lo que estaba pensando - El joven
Samurai se rascó la cabeza y al final desesperado preguntó -
¿Que puedo hacer?
- Bueno, puedes intentar decirles que no pretendes hacerles
caso e invitarles a que se acerquen a comer. - El viejo le
invitó con un gesto de su mano a probar - ¡Inténtalo!
- Palomitas bonitas, palomitas bonitas - pronunció
estúpidamente Kan con una vocecilla aguda y suavizada con
intención - venid a comer, no quiero haceros daño, si no
coméis moriréis de hambre, ¡Vamos venid!!
Las palomas miraron a Kan como si estuviera loco y se alejaron
unos pasos más.
- Nada, no me hacen caso! - Exclamó agobiado Kan ¡Realmente
quería que las palomas comieran!
- Puedes probar acercarte con un puñado de comida en la
mano... - dijo el viejo - quizás al ver tanta comida cojan
confianza y se posen en tus manos a comer...
A Kan le pareció grata la idea, así que cogió dos puñados de
comida y se acercó lentamente a las palomas mostrándoles la
comida. Estas al ver caer algún grano de las manos de Kan
hicieron amago de acercarse, pero al ver las manos llenas de
semillas del joven Samurai mientras este se acercaba...
echaron a volar espantadas por la cercanía del muchacho hasta
posarse en el techo de la vieja ermita.
- ¡No lo entiendo! - exclamó enfadado Kan - ¡Estas Palomas son
tontas! ¿No se dan cuenta de que yo solo quiero su bien? Si
pudiera hacer que entrasen en razón... ¿Pero que digo? -
Exclamó dándose cuenta de un detalle - ¡Si son solo palomas!
¡Son desconfiadas y cobardes por naturaleza...
- ¡IGUAL QUE LOS HUMANOS! - Exclamó de un grito el Sabio
Clérigo cortando los razonamientos de Kan.
El joven Samurai quedo paralizado al ver la sutil trampa que
le había preparado el Anciano Clérigo, y en su mente empezó a

05/01/2012

cuerpo de niño residían el espíritu y la mente de un hombre
Maduro, Sabio y Justo. Por eso quería asegurarse de que sus
intenciones eran justas y de que sus actos serían los
correctos. ¿Cómo ha sido hoy el amanecer Joven Samurai?
- Precioso - respondió Kan resurgiendo de sus pensamientos -
precioso... como siempre.
- Te he visto cruzar delante de mi ermita todos los días
durante meses - dijo el Anciano Clérigo mientras invitaba con
un gesto de su mano al joven Kan a tomar a siento a su lado -
Y en todos esos meses nunca has entrado a descargar tu alma de
las malas acciones que hallas cometido.
Kan miró con los ojos abiertos de par en par al viejo clérigo
como solo los niños saben hacer. ¿Realmente habían pasado
meses? Le habían parecido solo unos pocos días... realmente el
tiempo cada vez corría más rápido.
- Eh... - Kan no sabía que responder, al final miró al Viejo
Sabio con una mirada que reflejaba su inocencia y su
arrepentimiento - Lo siento - Dijo sencillamente
- Eso está bien... pero no es suficiente. - El Anciano fijó
sus ojos en Kan para escrutar atentamente su rostro y no
perderse ni la más mínima reacción de su rostro - Dime
entonces ahora cuales han sido tus malas acciones en todo este
tiempo. Incluidos los malos pensamientos...
La voz del Anciano Clérigo era dulce y firme a la vez, sin
embargo ni una sombra de miedo, ni la más mínima duda recorrió
el rostro de Kan cuando respondió, casi automáticamente.
- No he cometido ninguna - Y la mirada sincera que se reflejó
en sus ojos, junto con la inocente sonrisa, exenta totalmente
de orgullo que se reflejó en su rostro convenció de la
veracidad de sus palabras al Viejo Sabio... el cual quedó
increíblemente impresionado por la simple afirmación del joven
Kan.
El Anciano meditó un momento, era obvio que Kan era sincero,
pero sin embargo era tan difícil... ¡Casi imposible!
- ¿No has causado mal a nadie? - Preguntó el anciano y el
joven respondió negando efusivamente con la cabeza.
- ¿No has tomado nada que no te pertenecía? - Kan negó con una
incrédula expresión en su rostro que reflejaba que, para él,
eso era algo impensable.
- ¿Quizás has tenido pensamientos negativos sobre alguna
persona? - Dijo el anciano mientras guiñaba un cómplice ojo a
su interlocutor.
- No! ¿Debería haberlo hecho? - Replico Kan
- ¡Por supuesto que no! ¡No digas tonterías! - Dijo perdiendo
los nervios momentáneamente- Perdona... Es que como haya

05/01/2012

hola amigos desearles un fantastico dia de Reyes

03/01/2012

Porque mi espíritu guarda tal ansia por vivir la vida y por
actuar que le es difícil mantenerse dormido más de unas pocas
horas al día. Solo duermo lo suficiente para deshacerme del
cansancio del día anterior y despertar cargado de nuevas
energías. - Kan hizo una pausa para comprobar si el Anciano
Clérigo comprendía lo que le decía, el Sabio conocedor del
corazón y las almas de los hombres asintió y con un gesto de
su mano invitó al Joven a continuar - Ver la belleza del
amanecer renueva y dobla mis energías, pues hace renacer en mi
espíritu la fe por las causas justas y las buenas acciones.
Por otra parte el suave mecer de las olas calma mi espíritu y
me ayuda a ordenar mis ideas y a organizar mentalmente mis
tareas diarias de una forma más tranquila y eficiente.
Violentamente el Viejo Sabio tomo su gastada escoba y
agitándola en el aire replicó.
- ¿Entonces que haces perdiendo el tiempo con un Viejo
Estúpido? Ve, Corre! Que este Viejo Tonto te ha entretenido y
no quiero que por mi culpa te pierdas ni un momento tan
sagrado de tu tiempo.
Kan, impulsivo por naturaleza, azorado de tal manera por el
anciano echó a correr como alma que lleva el diablo hacia su
lugar secreto.
- Y después, cuando retornes pasas por aquí, pasa a ver a este
Viejo Loco que quiere hablar contigo! - Grito Gran San al
joven mientras corría.
Turbado por las palabras del joven, el Sabio Clérigo delegó
esa mañana las tareas clericales en su ayudante, un hombre de
mediana edad que había sido aprendiz de Gran San desde que era
solo un niño. El viejo Sabio se retiró a su patio trasero
desde donde vería llegar antes al Joven Samurai, y se
entretuvo barriéndolo lentamente mientras dejaba que su mente
viajara por los derroteros de la meditación.
Pocos momentos después de que los broncilíneos dedos de la
Aurora dejaran de acariciar la ondulante superficie del mar,
el Anciano Clérigo vio retornar tranquilamente a Kan por el
camino del desfiladero. Su paso era tranquilo y seguro, su
postura era erguida, denotaba firmeza... y sin embargo estaba
exenta de presunción. Una de sus manos acariciaba su barbilla,
aquel mentón joven que todavía no era capaz de empezar
siquiera a cubrir su cara con el vello de la madurez. Su otra
mano se movía en el aire acompañando los pensamientos del
joven. Hubiera parecido un gran Sabio meditando sobre la
importancia de la existencia del hombre sino fuera por que su
joven piel y sus músculos aun sin formar delataban su extrema
juventud. Gran San estaba convencido de que dentro de ese

29/12/2011

EL VIEJO SABIO
El Viejo Sabio siempre salía de su ermita muy temprano, antes
de salir el Sol. Su viejo cuerpo no le pedía demasiado
descanso y seguía lleno de vitalidad. Apenas dormía cuatro o
cinco horas, despertaba rebosante de energía y salía a barrer
el patio delantero de la ermita para que los feligreses
encontrasen un lugar limpio y ordenado en el que pudieran
ordenar pacíficamente su alma. Sin embargo el primer caminante
que pasaba delante de su lugar de paz no era un feligrés suyo.
Hacía varios meses que Gran San venía observando a ese
jovencito. Antes solía jugar con los chicos de su edad, pero
desde hace unos meses su comportamiento había cambiado
mucho... y eso le llamaba la atención al Viejo Sabio. Aunque
lo que más le extrañaba no era que ya no se relacionase con
niños de su edad y solo caminara junto a hombres mucho más
mayores que él. Lo que más le extrañaba al Anciano clérigo era
el brusco cambio que había sufrido su espíritu. Gran San
calculaba que en estos últimos meses, el joven Kan, había
madurado el equivalente a 15 años. Y eso si que le llamaba la
atención.
El Viejo Sabio posó la escoba contra una de las paredes de
piedra que formaban su vieja ermita, y alzó la mano para
llamar la atención del Joven Samurai.
- Joven! - Grito a Kan - ¿Donde vas tan temprano? A estas
horas sólo los demonios y los santos andan por la calle. Los
primeros retornan a las entrañas de la tierra a protegerse del
abrasador Sol y los segundos bajan del cielo para proteger a
los hombres de las calamidades y del Mal. - Y como hacía todas
las mañanas preguntó al Joven - ¿Tú que eres? ¿Santo o
Demonio?
- Ninguna de las dos cosas - Replicó con una sonrisa Kan,
todas las mañanas tenía la misma conversación con el anciano y
todas las mañanas las palabras eran las mismas, se había
convertido en un ritual diurno entre los dos - Solo soy un
Joven Samurai que camina hasta los arrecifes para poder
contemplar la belleza del amanecer y la suavidad del fluir de
las Olas en el Mar.
- ¿Y porque haces tal cosa en vez de alargar tu descanso como
el resto de los mortales? - Preguntó el Viejo añadiendo una
novedad a la conversación.
Kan quedó sorprendido, ya había reemprendido el camino al
considerar que la conversación había finalizado como tantos
días atrás; tardó un segundo en organizar sus ideas antes de
mirar fijamente a los ojos del anciano y responder...

29/12/2011

- Pues paso a paso, mil leguas no son más que muchos pequeños
pasos que unidos hacen una distancia descomunal. La única
forma de recorrerla es un paso detrás de otro. Si lo hacemos
así, dividiendo la distancia a recorrer en noventa días y cada
día en ocho horas de camino, y cada hora en sesenta minutos...
descubriremos que sólo habremos de dar cinco pasos en un
minuto durante tres meses para llegar a recorrer mil leguas.
¿Te parece mucho dar cinco pasos en un minuto?
- No padre! - dijo riéndose el aprendiz de Samurai - ¡Es muy
fácil dar cinco pasos en un minuto! ¡¡¡Mira como los doy!!! -
Y levantándose dio cinco pasos, se dio la vuelta y dio otros
cinco pasos hacia su padre - Ves diez pasos en un minuto y
todavía tengo tiempo para descansar!!!
- Pues de esta misma forma habrás de trabajar querido hijo,
poco a poco, organizadamente y sin pausa. Hazlo así y en menos
tiempo de lo que crees tendrás tu propio equipo de Siete
Samuráis!

25/12/2011

En mi nombre y en el de mi negocio GVO con este video os quiero desear una muy Feliz Navidad y un año 2012 lleno de éxitos y prosperidad y que todo lo malo h...

Dirección

Castellón De La Plana
12005

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