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24/06/2024
“Jesús Nazareno,danos tu paz”La Iglesia nos convoca un año más a vivir intensamente este tiempo de Cuaresma y la próxima...
22/02/2024

“Jesús Nazareno,
danos tu paz”

La Iglesia nos convoca un año más a vivir intensamente este tiempo de Cuaresma y la próxima Semana Santa, días que culminaran con la Pascua de Resurrección. El gran mensaje de la Pascua es la vida que brota de la Cruz redentora, la esperanza de la eternidad y la paz que nos ofrece Jesús Nazareno, Vivo y Resucitado, en medio de las cruces de nuestra existencia.
Y lo hacemos en el marco de unos momentos muy delicados en nuestro mundo, por la falta de paz social y personal. Estamos inmersos en un mundo convulso, vemos a diario el sufrimiento y el horror de las guerras, la muerte de miles de personas, las injusticias, en definitiva, la falta de paz en el mundo y en nuestras vidas.
Jesús Nazareno vino a traernos la paz. Él quiere que nosotros vivamos y seamos constructores de paz, Él quiere que nos opongamos a las guerras y las injusticias que tanto dañan nuestro mundo. Para conseguirlo debemos empezar por nuestra paz personal, en las familias y en el trato con los demás, en nuestra cofradía y sus agrupaciones, y aprender a llevar nuestras cruces con Él, ponerlo todo en sus manos. Por eso le pedimos: Jesús Nazareno, danos tu Paz. Su paz no es ausencia de problemas, es confianza y esperanza que brota de la Fe en el Nazareno.
Para ello, es necesaria la conversión personal y comunitaria para conseguir entre todos un mundo nuevo donde sea posible la justicia, la paz y el amor. Es necesario un cambio de mentalidad personal y social, un cambio de pensamiento, un cambio de actitudes y comportamientos. El tiempo cuaresmal no invita a ese cambio y a conseguir esa deseada paz.
Una verdadera Cuaresma ha de conducirnos a la Pascua y para conseguirlo hay que recorrer el sendero cuaresmal. Hay que mirar cómo es nuestra relación con Dios, nuestra relación con los demás y nuestra vida personal. Se nos invita a acrecentar nuestra vida de caridad (limosna), nuestra vida de comunión con Dios (oración) y nuestro esfuerzo personal (ayuno).
Os invito a preparar la Semana Santa recorriendo ese camino cuaresmal, a limpiar vuestro corazón en el sacramento de la reconciliación, hacer algún sacrificio y ayudar a nuestros hermanos más necesitados. Esa ayuda se va a destinar esta Cuaresma a la casa hogar “Soledad de los Pobres” de nuestra cofradía y a la Misión del Padre Matías en Honduras. Difundamos esta campaña en nuestras agrupaciones, familiares y amigos, estas personas esperan nuestra ayuda. Se puede hacer aportaciones en la cuenta y Bizum:
ES14 3058 0220 6127 2020 4058
Bizum 02347
Así mismo, que vivamos intensamente las celebraciones religiosas de esta Cuaresma, los Cultos y Miserere a nuestro Titular, las distintas Eucaristías. Aprovechemos este tiempo de gracia, que estemos bien despiertos, centrados en lo fundamental. Que los trabajos cofrades de estos días no nos hagan olvidar lo esencial.
Ánimo, no caminamos solos, caminamos con el Nazareno y con la Santísima Virgen de la Soledad, en comunión con toda la Iglesia en oración y sacrificio, recorriendo el camino de la Cuaresma que no termina en la Cruz, sino en la Resurrección.
Que tengamos un provechoso camino cuaresmal. Feliz Pascua de Resurrección.
El Nazareno os colme de bendiciones. Unidos en la oración.
Un fraternal abrazo.

Fernando Gutiérrez Reche
Capellán de la Cofradía Marraja

Queridos cofrades. Os deseo la paz y que el Señor esté muy presente en vuestros corazones durante todo el año de gracia ...
22/02/2024

Queridos cofrades.

Os deseo la paz y que el Señor esté muy presente en vuestros corazones durante todo el año de gracia que estamos viviendo. Doy gracias a Dios por la experiencia gozosa y de caridad que se va viendo en todas las hermandades y cofradías de la Iglesia de Cartagena, porque habéis puesto en un lugar preferente durante el tiempo de Cuaresma y de Semana Santa a los que tienen menos recursos, a los hermanos más necesitados y eso es un signo de que el amor de Jesús Crucificado está siendo la luz que ilumina vuestro caminar. Con ese testimonio se ve cumplida la Palabra de Dios: «Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios. Señor, tú lo sabes». Vuestra experiencia, hermanos y cofrades, es la misión, es anunciar la grandeza y la misericordia del corazón de Dios, siempre en fidelidad, como hijos de la Iglesia.

Este año tiene notas especiales para poder asumirlas cada cofradía, porque os ayudarán a renovar vuestras experiencias cofrades y os aportarán más razones para vivir la espiritualidad que os caracteriza al ser testigos privilegiados de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor, me refiero al Año Jubilar de Caravaca de la Cruz 2024.

El Papa nos dice que «la cruz es la medida del amor, siempre. Es verdad que se puede amar sin cruz, cuando no hay cruz; pero cuando hay cruz, la forma en que cargo con la cruz es la medida del amor. Es así»(1). Vosotros estáis especialmente invitados a acercaros al árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo, a la Cruz bendita donde Cristo abrió sus brazos de par en par y nos mostró el gran amor que nos tiene, su misericordia infinita que nos libera de toda culpa. Anotad en vuestras agendas que ¡este año vamos a peregrinar juntos! Que este año será una oportunidad para fortalecer vuestros sentimientos cofrades, para sentiros más cercanos los unos a los otros y trabajar por una hermandad o cofradía donde os sintáis más en familia.

La razón de peregrinar es sencilla: Caravaca de la Cruz se convierte en un foco de espiritualidad y de esperanza, será para todos la luz que nos ilumina, el signo más grande del amor entregado. Peregrinar a Caravaca supondrá entrar en el misterio de amor que nos ha ofrecido Jesucristo, vamos a Caravaca a participar de su misericordia y de su perdón para sentir la fuerza de la alegría y salir de allí cargados de la esperanza que necesitamos para afrontar el día a día con un corazón cristiano. En Caravaca de la Cruz seguiremos escuchando las palabras de Jesús que nos invita a caminar: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré» (Mt 11, 25-30).

No tengáis miedo, aprovechad esta oportunidad que nos regala el Señor en este año, no perderéis vuestra identidad, la que caracteriza a cada cofradía, al contrario, aprenderéis más y mejor las palabras de Jesús, que nos decía: «Misericordia quiero y no sacrificios». Es cuestión de levantarse, de ponerse en pie, como la Virgen María, que «se levantó y partió sin demora» (Lc 1, 39). Es el momento de soñar, de iluminar con el color esperanza y comprometerse por un mundo nuevo, como hizo la joven María.

Este Año Jubilar va a ser un año para la verdadera conversión, para aceptar la voluntad del Padre, para agradecerle el regalo de la Iglesia y renovar la participación, la comunión y la misión a las que estamos llamados por el Santo Padre, el Papa Francisco, como hermanos cofrades en este tiempo sinodal.

Os encomiendo a la maternidad de la Santísima Virgen María, que la invocaremos con muchas advocaciones: Piedad, Caridad, Dolores, Angustias, Amargura, Consolación, Misericordia... En nuestra Señora estarán puestas todas nuestras miradas de petición y suplica, las necesidades de la gente que lo está pasando mal y os pido que oréis, para que a nadie le falte su auxilio. Ánimo, amigos, preparad una Semana Santa donde vosotros mismos estéis implicados en la propia conversión del corazón y no olvidéis estas palabras del Papa: «¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontrareis la verdadera vida». Que Dios os bendiga y os conceda la paz.

(1) PAPA FRANCISCO, A los participantes en el Capítulo General de la Orden de San Agustín, 13/09/19.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

A través del desierto Dios nos guía a la libertadQueridos hermanos y hermanas:Cuando nuestro Dios se revela, comunica la...
22/02/2024

A través del desierto Dios nos guía a la libertad

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.
El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen.
En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.
Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.
Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido.
Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo.
Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.
La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Ay de nosotros si la penitencia cristiana fuera como la que entristecía a Jesús. También a nosotros Él nos dice: «No pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan» (Mt 6,16). Más bien, que se vea la alegría en los rostros, que se sienta la fragancia de la libertad, que se libere ese amor que hace nuevas todas las cosas, empezando por las más pequeñas y cercanas. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana.
En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado: «Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (Discurso a los universitarios, 3 agosto 2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante.[1]

Los bendigo a todos y a vuestro camino cuaresmal.

Roma, San Juan de Letrán, 3 de diciembre de 2023, I Domingo de Adviento.
FRANCISCO

Ascesis cuaresmal,un camino sinodalQueridos hermanos y hermanas:Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al re...
21/03/2023

Ascesis cuaresmal,
un camino sinodal

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en s**o roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo
Roma, San Juan de Letrán,
25 de enero de 2023, Fiesta de
la Conversión de san Pablo
Francisco

Caminar siguiendo a CristoQueridos cofrades, otro año más nos ha regalado el Señor un sinfín de oportunidades para vivir...
21/03/2023

Caminar siguiendo a Cristo

Queridos cofrades, otro año más nos ha regalado el Señor un sinfín de oportunidades para vivir en la esperanza y para poder disfrutar de los dones y gracias que hemos recibido de Dios y seguir construyendo un mundo según el corazón de Dios. Cada año, la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. Es verdad que en cada época vivimos realidades diferentes, pasamos por zonas de sombras y misterio, pero la confianza para no mirar atrás nos la da el Señor cuando se hace compañero de viaje, nos explica las Escrituras y nos da su Espíritu. Es Jesús mismo quien nos hace comprender mejor su Palabra, ilumina nuestra mente y enciende nuestros corazones cuando le escuchamos: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20).

El Señor Resucitado ha permanecido fiel a su promesa siempre y este año no nos faltará su auxilio, porque nunca ha dejado de ofrecernos su ayuda para que nos mantengamos en la unidad como hijos de la Iglesia. Queridos cofrades, que vuestra experiencia de fraternidad y progresiva maduración sea para convertiros en anuncio de un modo de vivir alternativo al del mundo y al de la cultura dominante, que seáis capaces de poner a Cristo en el centro de vuestra historia personal y de ayudar a todos a encontrar el verdadero sentido de una vida cristiana llena de alegría. La alegría y el gozo de ser cristianos es el mayor regalo de una vida coherente con el Evangelio, porque quien conoce a Dios tiene un corazón grande y no se cruza de brazos ante las necesidades, sino que responde con la caridad. La fe y la caridad van de la mano siempre. Todo esto nos lleva a recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el servicio a la Palabra. Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios. La evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana.

Vuelvo a recordaros que salgáis este año a la calle con una procesión viva, como si fuera la primera vez, no sigáis los esquemas que impone la rutina, el sabérselo todo o el tenerlo todo controlado. Este año, después del tiempo de la pandemia, vais a llegar a todo el mundo desde el silencio, el respeto, desde el misterio de la fe que representa tu paso. Me gustaría pensar que antes de salir a la calle habéis leído el texto del Evangelio al que le vais a dar vida. Podéis tener seguridad de que vais a llegar a muchos corazones, especialmente al corazón de los pobres, que necesitan ver cómo Dios ha escuchado sus oraciones de súplica ante la necesidad. Esta Semana Santa seréis sembradores de esperanza, porque sois artífices y protagonistas de un mundo mejor: «Qué lindo es en cambio cuando vemos en movimiento a pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión de un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza. Ese es mi deseo» (Papa Francisco).

Que Dios os bendiga a todos
vosotros y a vuestras familias.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

Carta de Cuaresma 2023Queridos hermanos:Todos recordamos las últimas palabras del Santo Padre Benedicto XVI a la hora de...
21/03/2023

Carta de Cuaresma 2023

Queridos hermanos:

Todos recordamos las últimas palabras del Santo Padre Benedicto XVI a la hora de su muerte: “JESUS TE AMO”; en ellas, se resume una vida entregada y enamorada de Dios. Hizo una profesión de fe, como la hizo también un día el apóstol Pedro: “Tú eres el Mesías el Hijo de Dios”. La vida cristiana es vivir con el corazón lleno de amor a la Trinidad Santísima y ese amor nos dará la paz, la alegría y la esperanza aun en medio del dolor y del sufrimiento.

El tiempo de Cuaresma es cada año una invitación a madurar en ese amor a Jesús Nazareno, que por nosotros murió y resucitó, abriéndonos las puertas de la vida en plenitud. Y porque te amo, Jesús Nazareno, tengo que reflexionar mucho en este tiempo de Cuaresma sobre como estoy viviendo mi fe, tengo que prepararme para el gran acontecimiento de la Pascua. Son cuarenta días para volver a encontramos con ese amor verdadero, a convertirme, a cambiar todo aquello que me aleja del amor a Dios y de los hermanos. La Iglesia nos ofrece para ello la oración, sacrificios y la caridad.

Si amamos a Jesús Nazareno tenemos que ORAR en Cuaresma y siempre, que nuestra oración sea sencilla, íntima, profunda, oculta, nada de apariencia, una oración en que sólo busquemos su mirada y su corazón. Y esa oración que sea un diálogo con Él. Que meditemos a diario su Palabra y la hagamos vida en nosotros. Acercarnos a la Eucaristía y alimentarnos de su Cuerpo para fortalecer nuestra débil fe. Que descubramos la riqueza de a Adoración Eucarística y no nos olvidemos de invocar a Santa María en el rezo del Santo Rosario.

Y Él nos dirá que, si lo amamos, debemos hacer algún SACRIFICIO en este tiempo cuaresmal para unirnos a su dolor y al de tantos hermanos. Que la penitencia que hagamos no sea exterior, de fachada, como esa que hacían los fariseos y los publicanos… No, la penitencia que quiere que hagamos es ponernos en la piel del otro, en la situación del que sufre, en revisar nuestras actitudes, en ver los deseos que tenemos, en darnos a los demás.

Y la CARIDAD que quiere Jesús Nazareno es que, por amor a Él, nos preocupemos de las necesidades de nuestro prójimo, del que sufre, del que es hermano tuyo y mío, porque todos somos hijos de Dios. No podemos olvidar las obras de misericordia de visitar enfermos, ancianos, personas que están solas y pasando momentos de dificultad.

Os invito a colaborar en la CAMPAÑA DE CARIDAD de la Cofradía que, como gesto Cuaresmal, este año se destinará para ayudar a los más débiles, niños y ancianos de la Casa Hogar de la Anunciación en Sucina y de la Casa Hogar “Soledad de los Pobres” de la Fundación Marraja. Difundamos esta campaña en nuestra cofradía y agrupaciones, familiares y amigos, estas personas esperan nuestra ayuda. Otro gesto de caridad en esta Cuaresma es suscribirte, si no lo estás, a la Fundación Marraja. También se pueden hacer aportaciones por medio de transferencia y Bizum: ES14 3058 0220 6127 2020 4058, bizum 02347.

Que las celebraciones religiosas de esta Cuaresma, los Cultos y Miserere a nuestro Titular, las distintas Eucaristías nos acerquen más a Dios y a los hermanos. Que los trabajos cofrades de estos días no nos hagan olvidar lo esencial y aprovechemos este tiempo de gracia.

Ánimo, no caminamos solos, caminamos con el Nazareno y con la Virgen de la Soledad, en comunión con toda la Iglesia en oración y sacrificio, recorriendo el camino de la Cuaresma que no termina en la Cruz, sino en la Resurrección. Gracias, Señor, por regalarnos este tiempo tan precioso que nos prepara para vivir la Pascua, tu Pascua, tu Resurrección. Un fraternal abrazo.

Afectuosamente.

Rvdo. D. Fernando Gutiérrez Reche
Capellán de la Real e Ilustre Cofradía
de Ntro. Padre Jesús Nazareno
(Marrajos)

Dirección

Callejón Zorrilla, 4
Cartagena
30202

Horario de Apertura

Lunes 09:00 - 13:30
15:30 - 19:00
Martes 09:00 - 13:30
15:30 - 19:00
Miércoles 09:00 - 13:30
15:30 - 19:00
Jueves 09:00 - 13:30
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