08/03/2023
Le debemos a la Dra. Montessori gran cantidad de cosas que únicamente una sociedad patriarcal y miserable ha querido ocultar. Es ella la pedagoga con más sentido del S. XX, y seguramente una de las menos reconocidas, atendiendo siempre a sus aportaciones y a su legado. Ya desde sus comienzos como estudiante, en aquellos momentos en los que pasó de la Facultad de Ciencias a la Facultad de Medicina, comenzó a encontrarse con estas trabas que hoy en día sería completamente rechazables.
La emancipación de la mujer fue algo que comenzó a llamar su atención, y ya en 1896, participó en Berlín en el primer Congreso del International Council of Women, sobre los derechos femeninos, con un notable éxito. Pero la Dra. Montessori, lejos de entrar en las provocaciones que llevaban consigo su presencia y participación en congresos feministas, aprovechaba siempre la ocasión para dejar su huella, su impronta, y hablar de proyectos que ya estaba llevando a cabo, consciente de la importancia que tenía recabar cuantos más apoyos mejor.
Toda esta inmersión que Montessori fue realizando de acercamiento a que de manera progresiva se fuera teniendo en cuenta cada vez más el papel de la mujer en diferentes ámbitos, encontró, como podía ser de esperar por la tónica de la época, con un fuerte rechazo y menosprecio por parte de los hombres, en especial por miembros de las elites culturales y burocráticas, con prejuicios de género implícitos y en continua sintonía con la baja consideración social que merecían las maestras de aquella época.
María Montessori, además de ser una mujer que revoluciona para siempre el mundo de la educación, es considerada una pionera del feminismo, una mujer libre que siempre dice lo que piensa, capaz de poner su compromiso social por encima de su vida privada.