26/05/2026
Durante muchos años pensé que mi cuerpo era simplemente “difícil”.
Difícil de entender.
Difícil de cambiar.
Difícil de encajar dentro de lo que la medicina, las básculas o los estándares consideraban “normal”.
Y entonces desconectas y enfermas.
Pero mi salud empezó a cambiar cuando dejé de obsesionarme con el peso…
y empecé a obsesionarme —sanamente— con entender.
Entender mis datos.
Mi inflamación.
Mis sensibilidades.
Mi genética.
Mi sistema linfático.
Mi masa muscular.
Cómo respondo a ciertos alimentos, entrenamientos y hábitos.
Porque la claridad cambia las decisiones.
Y las decisiones repetidas cambian la salud.
Tenía muchas ganas de hacerme un DEXA scan, y me enseñó:
— dónde almacena grasa mi cuerpo
— cuánta grasa visceral tengo realmente
— cómo está mi masa muscular
— cómo están mis huesos
— y por qué mi composición corporal NO cuenta la misma historia que mi apariencia.
Mis resultados:
• 28.6% grasa corporal
• Grasa visceral MUY baja (50.3 cm²)
• Masa muscular preservada
• Densidad ósea superior a la media
• Patrón ginoide compatible con lipedema y linfedema
Y quizá lo más importante:
mis piernas acumulan casi el doble de grasa que mi tronco…
pero mi salud metabólica es excelente.
A veces creemos que la salud es “intuitiva”.
Pero entender el cuerpo requiere datos, contexto y curiosidad.
Y creo profundamente que la longevidad requiere cierto nivel de obsesión sana.
No obsesión estética.
Obsesión por comprender:
cómo envejeces,
cómo te inflamas,
cómo preservas músculo,
cómo proteges tu metabolismo,
tu energía,
tu cerebro,
tu futuro.
Hoy no me interesa pesar menos.
Me interesa construir un cuerpo más fuerte, funcional, resiliente y consciente.
Porque la mejor versión de mi salud no nació del castigo.
Nació de entenderme.
🌷