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24/08/2026

El pequeño de la casa lleva toda la semana con la misma broma.

Deja la serpiente de goma en el felpudo, se esconde detrás de la maceta y espera. Y Rulo, que ya se la sabe, sale, la mira por encima del hombro, la recoge del suelo por la cola y sigue andando como si nada. Veinte veces igual.

Hoy también.

Lo que ninguno de los dos había previsto es que hubiera una segunda serpiente en el suelo. Y que esa no fuera de goma.

Acabaron los dos en la misma silla, agarrados el uno al otro.

Al menos esta vez se asustaron en familia.

21/08/2026

Rulo lleva toda la semana grabando vídeos que no ve nadie.

Hoy no ha grabado nada. Hoy se ha tirado en el suelo, ha abierto la boca y ha dejado que el café le caiga encima desde arriba del todo, atravesando la propia publicación como si el post no estuviera ahí.

Cero planos. Cero edición. Cero «RULO 47».

Un gato de barrio y un capuchino que se sale del marco.

En su casa le llaman Michi, por cierto.

21/08/2026

Rulo lleva toda la semana preparando un vídeo sobre lo tranquilo que es él.

Se plantó en el rellano con el pecho fuera, mandó al galgo que le grabara y empezó a presentar mirando a cámara. Y ahí seguía la serpiente de goma que alguien había dejado delante del felpudo.

Aguantó. Hay que reconocerlo: la miró, se le erizó el lomo entero, y aun así volvió a levantar la barbilla para el plano.

El problema vino cuando el galgo bajó el móvil.

Porque resulta que uno es valiente mientras le están grabando. Después ya no hace falta.

21/08/2026

Rulo entró al súper a comprar cuatro cosas. Cogió la cesta roja, cruzó el arco antirrobo, el arco pitó… y al otro lado ya iba en 8 bits.

Y aquí está lo mejor: a nadie le pareció raro. Recorrió el pasillo entre gente empujando carros y ni una mirada. Hizo la cola con un señor delante y una señora detrás, los dos mirando al frente como se mira en una cola.

Hasta que llegó a la caja. La cajera lo miró, lo tumbó en la cinta como quien coloca un producto, le pasó el lector por la cara y la caja pitó una vez.

La cinta se lo llevó. Ella ya estaba mirando al siguiente.

20/08/2026

Rulo lleva semanas bajando a la frutería a la misma hora.

No es por la fruta.

Hoy le tocaba justo detrás de ella. Se pasó toda la cola aplastándose el pelo con la pata, colocándose la cadena y ensayando entre dientes cómo se iba a presentar. Lo tenía preparado: «Hola. Soy Rulo. RULO 47».

Ella se giró, pasó por delante y salió a la calle sin mirarle a la cara.

Él no apartó la vista ni para andar. Se llevó por delante la pirámide de naranjas entera y acabó en el suelo, entre la fruta rodando por el terrazo.

Y ahí es donde está el capítulo: mientras él miraba la puerta por donde se había ido la otra, una chica con tres libros bajo el brazo se arrodilló a su lado, le recogió una naranja y se la puso con cuidado en la pata. Sonriéndole. A un palmo de la cara.

No la vio.

La de la frutería le cobró sin levantar los ojos y le dejó la bolsa en la cabeza.

Él se giró y dijo que estaba claro que le gustaba.

20/08/2026

Once de la noche. Rulo abre la nevera y queda un yogur. Uno.

Su hermano pequeño llega por el otro lado justo en ese momento y los dos alargan la pata a la vez. Y en el instante en que se rozan, la cosa deja de ser una cocina y se convierte en el último capítulo de una serie de los noventa: viento imposible dentro de casa, pétalos cruzando el aire, primeros planos de ojos temblando y unos lagrimones que no llegan a caer.

Por un yogur.

Y entonces entra su madre en bata y con los rulos puestos, mete el brazo entre los dos sin mirar a ninguno, coge el yogur y se va con él.

Se acabó el drama. Vuelve a ser una cocina.

19/08/2026

Rulo cruzó el paso de cebra sin levantar la vista del móvil, que es como cruza todo el mundo en este barrio.

El coche no frenó. Y lo que se levantó del asfalto ya no era el mismo Rulo: se despegó del suelo como una pegatina, completamente plano, dibujado a línea negra sobre una calle que seguía siendo de verdad.

Lo intentó disimular. Se puso de pie muy digno. Pero cuando pasó el segundo coche, el aire se lo llevó volando como a un folleto de publicidad.

A Rulo la IA que lo dibuja no siempre le tiene mucho respeto.

19/08/2026

Rulo ha montado un casting en el salón de su casa para fichar a alguien que le grabe los vídeos. Mesa camilla, hule, silla de plástico y el móvil en un trípode.

El galgo entra a demostrar lo rápido que es: arranca, se sale de plano y vuelve andando con la cinta caída sobre los ojos. El mapache ni audiciona — saca un destornillador, aprieta el trípode que llevaba media hora torciéndose y se queda tan ancho. Y entonces entra corriendo el hermano pequeño, tropieza con el cubo de la fregona y sale volando.

Adivina cuál es el único plano decente que grabó la cámara ese día.

Rulo es un gato de barrio que quiere ganarse la vida con un canal de vídeos. El casting no ha ido como esperaba.

18/08/2026

A Rulo le fían en el bar de abajo. Y en algún momento hay que pagar.

El del bar le puso la zarpa en la cabeza, lo plantó detrás de la barra y le dio un delantal. Y aquí viene lo que no esperaba nadie: el gato sabe. Tiró la caña con una espuma que ya quisieran en media España, y después cogió la jarrita y bordó un corazón en el cortado. Perfecto. Simétrico. De los de foto.

De los de foto, literalmente.

Porque con dos señores esperando delante con el dinero en la mano, Rulo no sirvió el café: sacó el móvil, encuadró la taza y giró el platillo un par de grados para que quedara bien. Una mano le pasó la tarjeta por el datáfono y él ni la miró.

El del bar tampoco dijo nada. Solo alargó la zarpa.

El cortado, por cierto, se quedó intacto.

18/08/2026

Rulo ha salido a la calle a grabar la intro de su canal. Se ha puesto el móvil delante, ha levantado la barbilla y ha sacado esa voz grave de presentador que no es la suya pero que él cree que impone.

«Qué pasa, gente. Bienvenidos al canal.»

Y ahí estaba, a punto de anunciar que hoy traía algo grande, cuando una paloma del plátano de la acera opinó distinto y le dejó su comentario en mitad de la cabeza.

Se le cayó la voz de presentador de golpe. Lo que salió después ya era él de verdad.

Rulo es un gato de barrio que quiere ganarse la vida con un canal de vídeos. La calle todavía no le ha dado permiso.

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