06/12/2025
La niña que escuchaba a las estrellas
Había una vez una muñeca de tela llamada Aurora, cosida con hilos que parecían guardar un susurro antiguo. Sus ojos cerrados no eran de sueño, sino de música: cada puntada de sus párpados guardaba una nota que solo podía escucharse con el corazón.
Aurora vivía en el regazo de una niña que amaba mirar el cielo. Cada noche, la niña le contaba lo que las estrellas decían, y aunque Aurora no podía hablar, su pequeño pecho de algodón vibraba como si entendiera cada palabra.
Un día, mientras la niña dormía profundamente, las estrellas descendieron un poquito más cerca. Tocaron el vestido rojo de Aurora y lo llenaron de un brillo suave, casi imperceptible, como un pétalo iluminado por la luna.
—Cuídala por nosotras —parecían susurrar.
Desde esa noche, Aurora se convirtió en algo más que una compañera de juegos: se volvió la guardiana silenciosa de los sueños de la niña. Cuando ella tenía miedo, la muñeca parecía pesar más, como si sus brazos de tela quisieran abrazarla. Y cuando la niña reía, Aurora, aún sin ojos abiertos, parecía sonreír con ella.
Dicen que en las noches tranquilas, si se presta mucha atención, puede escucharse un murmullo suave, como el roce de un hilo dorado en el aire.
Es Aurora, recordándole a la niña que incluso en silencio, existe un amor que nunca duerme.