26/03/2017
Cómo alargar la vida de la batería
En la práctica, la batería sólo requiere de unos pocos cuidados.
Evitar las altas temperaturas
La batería expuesta a altas temperaturas, tanto si trabaja como si no, se deteriora más rápidamente que la que permanece a temperaturas confortables. Algunos ejemplos que pueden perjudicarla son:
Taponar las rendijas de ventilación con ropa (trabajar sobre el sofá, la propia ropa, la cama, etc. Además de perjudicar la batería, perjudica al portátil por entero.
Trabajar bajo la exposición directa del sol, de estufas o cualquier otra fuente de calor
Dejar el portátil mucho tiempo en el coche en verano. Utilizar el portátil con software que precise del máximo rendimiento del procesador.
Mantener las ranuras de ventilación limpias. Si no entra aire, el ventilador funcionará más a menudo y, con ello, gastará batería. La limpieza puede hacerse con un pincel o con aire comprimido. Éste se puede encontrar en las tiendas envasado dentro de un spray.
Quitar la batería en determinadas circunstancias No es bueno que la batería deje de trabajar por completo durante mucho tiempo, pero es mejor quitarla del portátil si siempre se tiene el cargador conectado a la red eléctrica. También debería quitarse del portátil si no va a utilizarse por un periodo superior a dos semanas.
La calibración de la batería Las cargas y descargas breves (incompletas) y repetidas despistan la “inteligencia” de la batería hasta el punto de no tener ni la menor idea de su estado. Si la medición de la carga es incorrecta, el portátil seguirá cargando una batería que ya está cargada y acortará sus días de utilidad. O no la cargará cuando sea necesario, dejándonos a medias en el peor momento. La calibración se consigue cuando la batería se descarga por completo y se carga al máximo. Esta operación debe hacerse cada dos meses, aproximadamente.
La gestión de la energía Como hemos visto, cuantas menos veces tengamos que cargar la batería, más vida útil nos aportará. Se trata, por tanto, de que el proceso de descarga sea lo más lento posible. Y para ello, no tenemos otra opción que gestionar adecuadamente la energía que consume nuestro voraz portátil.
• Ajustar el brillo de la pantalla al mínimo posible dentro de la comodidad. A más brillo, más consumo de energía.
• Apagar el Wifi cuando no se use.
• Usar el perfil de energía adecuado. Los portátiles permiten utilizar perfiles de energía de alto rendimiento, medio o bajo. Si lo que estamos haciendo es contestar correos electrónicos, el procesador no necesita trabajar a su máxima velocidad. Reduciendo la frecuencia del procesador, la batería se gasta mucho menos. No hay que poner el coche a 5000 revoluciones para aparcar.
• Desconectar los periféricos innecesarios. La mayoría de las cosas que se conectan a los puertos USB consumen la energía del portátil. Incluso algunos (los teléfonos móviles) aprovechan el acontecimiento para cargarse. Un simple Pen se calienta al conectarlo: está consumiendo energía.
• Eliminar los programas en segundo plano. Los ordenadores inician decenas de programas que se ejecutan sin el conocimiento del usuario. Algunos de ellos, que posiblemente jamás usaremos, van comprobando si hay nuevas actualizaciones. Otros están atentos a lo que podamos insertar en una unidad DVD que todavía no hemos estrenado. Lo mejor mejor que podemos hacer con estos programas es desinstalarlos o deshabilitar su inicio. El procesador necesita una energía proporcional a las peticiones que recibe.
• El salvapantallas. Por supuesto que el pase de las mejores fotografías de las vacaciones no tiene comparación con cualquier otro tipo de salvapantallas. Pero hace trabajar al procesador y mantiene a la pantalla gastando para nadie. El salvapantallas más práctico es aquel que la apague por completo.
• Hibernación. En las pausas que hacemos en el uso del portátil (que pueden ser de unos cuantos minutos, unas horas, o incluso de un par de días), podemos servirnos de la hibernación. La hibernación es un estado en el que el portátil no consume energía. O, para ser más exactos, consume la misma energía que consume cuando está completamente parado, que es poca, pero existente. Sin embargo, la ventaja de la hibernación es que el sistema operativo ya está cargado cuando lo encendemos, hecho que ahorra el tiempo de encendido y de puesta en marcha de los programas. La rapidez con la que un portátil pasa del plácido estado de hibernación al de trabajo intensivo hace de la hibernación una opción cómoda y práctica cuando uno se va a tomar un café, recibe una visita o se va a comer. Incluso se puede configurar el sistema para que se active la hibernación con sólo bajar la tapa del portátil. Más cómodo y económico, imposible. Además, los datos quedan protegidos siempre y cuando exista una contraseña de inicio de sesión.