01/10/2024
SUPERVIVIENTE
Quisiera preservar nuestro mito fundante, ese árbol de vida, amor y libertad que generosamente nos fue dado y sobre el cual descansaran nuestras carnes, nutriendo y abonando sus raíces. Mientras la esencia que llevamos dentro se elevará como melodía en el canto de las aves que atraviesan y se ocultan entre esta selva que hoy se siente especialmente salvaje, áspera y fuerte.
Anhelo tomar tu mano y no perderte. Buscar el consuelo de salvarte de la nada. Hijo del labrador de sueños y de la guerrera terrenal que blandía sus razones con machete desde Titiribí. Heredero del carpe diem en los surcos del cafetal, génesis que soquió el amor y la memoria, junto a Martha, la hospitalaria dama, a quien le fue dada la promesa de la resurrección y vida
Tu amor, fue buscar la libertad y darlo todo. No conocer el final y resignificar el dolor con el ejemplo. Edificar la memoria, con lo que quede del amor y alimentar la razón de vivir, con una sonrisa, que aligera esta soledad que llevamos dentro, los que alguna vez, lo perdimos todo.
Este mito fundante nos acerca a tus ojos y te vemos brotar como frágil espiga entre los cafetales de un rincón de Caldas, como un tímido rey en éxodo hacia una tierra de embrujos, donde a fuerza de repetir sortilegios, encontraste la forma de un tetragrámaton, la palabra sagrada que atrajo la vida, la suerte y el amor.
“Con una lleva, con dos se ceba, con tres, a la casa lleva.”
“Bocado de reina, carcajada de b***o, sobando y probando, vera que le va gustando.”
Y mientras tu mujer, envuelta en necesidad, cuida nuestras indefensas risas. Me enseñas a saltar charcos con zapatos rotos, a desconfiar de las esquinas, a luchar con fiereza por el alimento diario. Me enseñas a vencer la pobreza, con cartones entre las suelas, para evitar las colillas inconclusas de algún agüebardo descuidado o un agüebalote distraído.
Pasaste de ofrecer las humildes vanidades del talco Rutie hasta el brillo eterno del diamante, ampliando tus fronteras entre fiestas, abrazos, vecinos, amigos y familia. Todos invitados al banquete de alegría.
Sacamos lo mejor de lo peor del mundo y propusimos una batalla contra la soledad y la miseria, a fuerza de empeño desafiante y carne de yugo, recibiendo golpes que te envejecieron joven y quemaron tu piel en este crisol que llamamos vida, hasta el deseo de no soportar mas el agónico dolor de muerte que te acecho de viejo.
Resuena en mí tu lamento impotente, esa alegría que mengua inevitablemente, y se silencia entre gritos que, a cuentagotas, se llevan tu cordura y te conducen a ambicionar la muerte.
Entonces tú, mi viejo cascarrabias, ignoras todo lo que duele en esta vida dura y entre luchas que nos dejan sin aliento, agotados, tristes y desconsolados, con más preguntas que respuestas, nos das la lección de luchar hasta el último segundo, y partir de esta vida como un rey superviviente.