27/08/2026
A través de los puntos, los espejos y las calabazas, Yayoi Kusama convirtió su mundo interior en un lenguaje que terminó recorriendo el mundo.
Lo que para ella era profundamente personal, se transformó en una obra capaz de ser reconocida en cualquier lugar.
Construyó un universo que podía identificarse inmediatamente, sin necesidad de leer una firma.
Y quizás ahí está una de las cosas que más nos conmueve de su obra.
Transformar aquello que nos atraviesa en algo nuevo.
Encontrar una forma.
Crear un lenguaje.
Repetirlo hasta convertirlo en identidad.
Los puntos no eran solamente puntos.
Los espejos no eran solamente espejos.
Las calabazas no eran solamente calabazas.
Eran parte de un universo.
Yayoi Kusama logró algo extraordinario: hacer de su mundo interior un lenguaje propio y, al mismo tiempo, universal.
Hoy despedimos a una artista que nos recuerda que la identidad más potente no siempre se inventa.
A veces, se encuentra mirando profundamente hacia adentro.
Gracias, Yayoi. ♾️