17/11/2020
Por: Adriana Santa Cruz
Me la paso enseñando que para argumentar bien no hay que atacar al otro/a. Entonces, voy a evitar hablar de la persona de Soledad Acuña o de sus desaciertos como ministra de Educación del Gobierno de la Ciudad, pero sí me parece necesario discutirle acerca de lo que sé muy bien y de lo que creo que ella no conoce: la vocación. En lugar de solucionar los enormes problemas de educación que tenemos, ella elige ponerse en contra de los docentes, o peor: poner a las familias contra aquellos y aquellas que venimos sosteniendo las clases en medio de la pandemia y todo lo que implica eso. Afirma, entre otras cosas, que los docentes “son personas cada vez más grandes de edad que eligen la carrera como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras” y se ampara en las encuestas del Gobierno Nacional. Nada más fácil que hablar de encuestas, de números incomprobables, de cifras de escritorio analizadas por burócratas que jamás pisaron un aula. Sin embargo, voy a tener contemplaciones con quienes probablemente no conozcan de vocaciones. Qué lástima por ellos o por ellas. Seguir una vocación es saber que el camino está ahí, en eso que elegimos y que no importan los sacrificios para cumplirlo. Los y las docentes podríamos hacer memoria de los diferentes momentos en los que de a poquito el destino, la vida o lo que sea nos dio claras señales de hacia dónde teníamos que rumbear. Lo bueno de las vocaciones es la firmeza y la tenacidad con que nos acompañan; lo malo es que si les damos la espalda siempre vamos a sentir que nos falta algo. Por eso, los y las profes jamás les damos la espalda a nuestros chicos y chicas. ¿Sabrá Acuña lo que es que te llamen un domingo para decirte “profe, estoy triste” o sabrá de los abrazos que nos dan después de una clase? ¿Sabrá que aun en medio de discusiones salariales, de sueldos atrasados o de errores en los recibos seguimos trabajando? ¿Sabrá de las horas que dedicamos a enseñar, a preparar clases a veces dejando a nuestras familias de lado? ¿Sabrá de las horas extraclase que no contabilizamos o de las que trabajamos gratis? Bueno, no quiero aburrirla, pero eso es vocación, y precisamente cuando la elegimos, no pensamos ni en la plata, ni en la jubilación de privilegio, ni en el poder, ni en la carrera política: pensamos en la maravilla que es poder tener enfrente un grupo de chicos y chicas y aprender juntos. Como me queda paciencia, otra cualidad docente, voy a pensar que nuestra ministra va a pensar lo que dijo y quizás se retracte, y entienda que es injusta y que alguna vez tenemos que dejar de culpar al que más trabaja.