30/05/2026
Hay lugares que no tienen dirección pero sí presencia.
Los reconocemos por el olor, por la textura, por la luz que tienen a cierta hora. Por lo que nos permiten ser cuando estamos en ellos.
Hace tiempo que habito uno así. Lo construyo con arcilla de islas y de costas, con resinas de riberas, con piedras de cerros, con pigmentos que nacen de lo que la vida doméstica descarta. Con tiempo. Con espera. Con atención.
Le estoy poniendo nombre: Refugio de Materiales.
Un programa que no tiene lugar fijo pero tiene presencia. Un espacio para cobrar fuerzas, para observar la riqueza que nos rodea, para hacer con lo que hay, para compartir.
Se está gestando. Como todo lo que vale.