17/09/2022
En medio de mi aflicción
Te entiendo, suele llegar ese tiempo en el que tus fuerzas no dan para más, el cansancio no es solo físico, si no emocional. Te sientes drenado, exhausto, sientes que tu vida espiritual mengua y quieres abandonarlo todo. Comienza aparecer el estrés, la ansiedad, angustia, etc.
Diariamente nos enfrentamos a diferentes situaciones o circunstancias que nos ayudan a crecer o si no somos lo suficientemente fuertes, nos comienzan a estancar.
Podrán haber momentos de aflicción que pueden hacernos desfallecer, sin embargo contamos con la promesa que nos dejó Jesús:
“Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas;”
Salmo 34:19 NVI
Todo proceso, prueba o aflicción tiene su comienzo y un final. A veces nos cegamos por cuán grande, cuán extenso o difícil se vuelve esa prueba. Pero Dios tiene un plan.
La aflicción también es parte del proceso, es una bendición, aunque no lo parezca y se vea contrario a lo que es el concepto de bendición para nosotros. Día tras día es un propósito en el cual andamos y en el cual estamos siendo edificados, transformados y bendecidos.
Intentamos razonar, pero en Dios no podemos buscar respuesta humana, no podemos razonar, porque Dios va más allá de nuestro entendimiento o lo que nuestra mente finita pueda imaginar. Nuestro Dios es un Dios de lo imposible, de lo infinito e inimaginable.
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”
Isaías 26:3 RVR1960
Cuando pasamos por el proceso, nuestra fe y nuestro corazón están siendo probados, pasando por la prueba de fuego.
¿Cuán dispuesto estás a soportar por ver el propósito de Dios cumplido en tu vida?
Nuestra vida es un viaje hacia el propósito de Dios en nuestras vidas. Debes entender que cada prueba, situación, aflicción y desierto te acerca más a lo que Dios te ha prometido. Porque sin proceso no hay bendición, sin proceso no podremos valorar el verdadero valor de lo que Dios nos va a entregar, posicionar y establecer.
Estas pruebas o situaciones complicadas generan en nosotros “paciencia”. Aquella virtud que resalta “perseverancia” “constancia” “capacidad de permanecer firme”.
Hoy puedo ponerme en pie y decir, pase por el proceso, sentí que jamás saldría de allí, fue un proceso duro, fuerte, doloroso. Pero hoy entiendo que era justo y necesario. Que jamás hubiera imaginado que el haber pasado por el horno de fuego, por el proceso me llevaría a donde estoy hoy.
Joven vive plenamente confiado en Dios. Aunque no entiendas, continúa caminando, continúa firme y no permitas que absolutamente nada te detenga. No permitas que pensamientos contrarios a lo que Dios quiere para tu vida se apoderen de ti. Encomienda tu espíritu, tu vida y tus pensamientos a Dios por completo.
“Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él
ha llamado de acuerdo con su plan,”
ROMANOS 8:28 TLA
Si, yo también quise renunciar, quise dejar todo atrás. Pero ha sido demasiado lo que he sacrificado, demasiado por lo que he trabajado. No puedo rendirme ahora, es tiempo de levantarnos y brillar. Que nuestra esencia, dones y talentos sean entregados a Dios por completo. Eres hijo de un Dios todo poderoso. Un Dios que nos ama, que desea lo mejor para nosotros y sabe que cada prueba que pone en nuestras vidas nos llevará a un nuevo nivel de gloria, otro nivel de sabiduría y entendimiento.
No renuncies, no desmayes, ni siquiera pienses que Dios se ha olvidado del plan contigo, y mucho menos consideres renunciar a lo que el Señor te ha entregado, si estás pasando por un tiempo de prueba, entra en Su presencia y llénate de Dios y sigue adelante, sólo es cuestión de tiempo para que alcances aquello que el cielo ha preparado para ti.
“Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.”
Hebreos 10:23 NVI
Sus promesas son el aire que nos ayuda a vencer el viento. Su
Palabra es suficiente para sostenernos aunque por dentro creamos des-
mayar. ¿Estas cansado de esperar por lo que tanto oras? Confía en Dios y surcarás los cielos de la fe como un águila.
Que nuestra fe no mengüe, por el contrario se fortalezca y avancemos en pos de victoria hacia la meta divina que tenemos por alcanzar como hijos de Dios. Vivimos para Cristo, para ser como Él y para vivir como Él vivió.
“pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.”
Isaías 40:31 NVI
Vivo agradecida, aún en medio de mi aflicción exaltaré tu nombre, caminaré con mi cabeza en alto y llegaré a la tierra prometida. Porque tus promesas son únicas para mi vida y me llevan a cumplir tu voluntad aquí en la tierra.