19/08/2026
Un día en que la pobre mujer acababa de ser maltratada, lloraba mesándose sus largos cabellos y gritaba:
— ¡Oh! desgraciados santos del bosque, ¿De que sirve clamaros? ¿Sois sordos? Quisiera tener un espíritu protector, fuerte, poderoso (aunque fuera malo). La fuerza, el poder, ¿quién podrá darmelos? Yo me entregaría gustosa a cambio... ¿Que podría dar yo? No me queda nada. ¡Excepto mi cuerpo, excepto el alma que es sólo ceniza!
— Si quereis seré fuerte... Dueña, los espíritus no son grandes ni pequeños, ni fuertes ni débiles. Si se quiere, el más pequeño puede convertirse en un gigante.
Fragmento del libro LA BRUJA de Jules Michelet.