01/12/2025
Nació con el rostro distinto, pero con el corazón más noble que cualquiera.
A Kenny, un tigre blanco de Arkansas, lo trajeron al santuario cuando era apenas un cachorro. Venía de una cría irresponsable donde habían cruzado a sus propios padres para que naciera “blanco”, y por eso llegó con la cara chueca, dientes torcidos y esa expresión que muchos no entendían.
Pero en el refugio descubrieron otra cosa: era un animal tranquilo, juguetón, de esos que buscan cariño sin pedir nada a cambio. Caminaba despacio, se dejaba acariciar por los cuidadores y hasta posaba curioso cuando lo visitaban.
Vivió allí casi diez años, cuidado y acompañado. Al final, su salud ya no podía más y se fue por un c* ncer que lo afectaba desde hacía tiempo.
Kenny dejó atrás un recuerdo enorme: el de un tigre que pese a todo, solo supo dar ternura.