H C Aldazabal

H C Aldazabal Director Audiovisual • Diseñador 3D & Motion • Fundador de ALDZA VISTA

Menos Drama, Más Diseño
(4)

En el último video que publiqué sobre trabajar remoto, uno de mis primeros consejos fue bastante sencillo: si eres profe...
28/09/2026

En el último video que publiqué sobre trabajar remoto, uno de mis primeros consejos fue bastante sencillo: si eres profesional independiente, empieza a construir una marca personal.

No porque necesites convertirte en influencer.

Tampoco porque tengas que publicar todos los días.

Lo decía por una razón mucho más práctica: me parece extraño pasar años perfeccionando una profesión y después depender completamente de una plataforma para encontrar quién está dispuesto a pagarte por ella.

Hay algo psicológicamente curioso en eso.

Uno prepara el currículum, organiza el portafolio, abre una cuenta en una plataforma, paga una membresía si hace falta, completa todos los campos y después espera.

Es una pequeña ceremonia de espera.

Esperas que alguien publique una oferta. Esperas que vea tu perfil. Esperas que el algoritmo te coloque delante de la persona correcta. Esperas que otro candidato no tenga más experiencia, más reseñas o una tarifa más baja.

Y cuando no pasa nada, muchas veces pensamos que necesitamos mejorar el currículum.

Quizás el problema no era el currículum.

Quizás estábamos intentando que alguien nos descubriera, cuando podríamos estar haciendo que nuestro nombre fuera más fácil de recordar.

Por eso me gusta tanto la idea de una marca personal.

Porque una vez que empiezas a construirla, no desaparece cuando cierras una plataforma.

Tu nombre sigue ahí.
Tu trabajo sigue ahí.
Lo que has aprendido sigue ahí.

Las cosas que has pensado, los proyectos que has hecho, las conversaciones que has provocado y hasta algunas de tus malas decisiones empiezan a formar una especie de archivo público de quién eres profesionalmente.

Eso me parece especialmente importante para quienes trabajamos desde Latinoamérica y, en mi caso, desde Cuba.

No siempre tenemos acceso a las mismas plataformas, medios de pago, oportunidades o redes profesionales que alguien en Madrid, Miami o Ciudad de México.

Pero hay algo que sí podemos construir desde cualquier lugar: una reputación.

Yo empecé a trabajar con diseño y audiovisual hace años. Hoy mi trabajo pasa por branding, dirección creativa, motion graphics, audiovisual, renders y desarrollo web. No todo apareció de golpe ni porque hubiera diseñado una estrategia perfecta.

Fui haciendo cosas.

Y fui dejando rastros de esas cosas.

Con el tiempo, esos rastros empiezan a hacer algo bastante interesante: permiten que una persona que nunca ha hablado contigo tenga una idea de quién eres antes de escribirte.

Ahí es donde yo empezaría si tuviera que crear una marca personal desde cero.

No empezaría pensando en colores, logo o nombre de usuario.

Empezaría haciendo público mi trabajo.

Y después intentaría explicar cómo pienso.

¿Por qué resolví un proyecto de determinada manera? ¿Qué problema encontré? ¿Qué cambiaría hoy? ¿Qué cosas de mi profesión no comparto? ¿Qué estoy aprendiendo? ¿Qué tipo de proyectos quiero hacer?

No hace falta tener una opinión sobre la inteligencia artificial, el emprendimiento, la disciplina y el café todos los lunes.

Hace falta tener algo que decir sobre aquello que haces.

Con el tiempo, eso produce algo que ninguna plataforma puede darte completamente: familiaridad.

Alguien ve tu nombre por primera vez y no sabe quién eres.

Meses después vuelve a verlo.
Después reconoce un trabajo.
Después recuerda una idea que publicaste.
Y un día necesita exactamente lo que tú haces.

Ya no eres un desconocido que apareció entre otros cien perfiles.

Eres esa persona que lleva un tiempo haciendo esto.

No garantiza clientes. No sustituye un buen trabajo. No elimina la necesidad de buscar oportunidades.

Pero cambia bastante la relación.

Ya no estás solamente buscando que alguien te contrate.
También estás construyendo una razón para que alguien piense en ti.

Y esa, para mí, es una de las mejores cosas que puede hacer una marca personal.

No hacerte famoso.
Hacer que tu nombre empiece a tener memoria.

A veces pienso en lo extraño que es tener diecisiete años en Cuba.Uno tiene la edad suficiente para darse cuenta de que ...
27/09/2026

A veces pienso en lo extraño que es tener diecisiete años en Cuba.

Uno tiene la edad suficiente para darse cuenta de que muchas cosas no funcionan como deberían, pero todavía no tiene la edad suficiente para haber aprendido a convivir con ellas sin que le molesten. Y quizá esa incomodidad sea algo que conviene conservar.

Porque después uno se acostumbra.

Se acostumbra a que falte algo.

A que algo cueste demasiado.

A que un trámite se complique.

A escuchar que no hay.

A ver irse a alguien.

A escuchar hablar de irse como quien habla de cambiar de trabajo.

Y sin darse cuenta, uno puede terminar aceptando como normal una vida que nunca se detuvo a elegir.

Por eso, si tuviera que decirle algo a un joven cubano, no sería que tiene que convertirse en un gran empresario, ni que tiene que irse, ni que tiene que quedarse, ni que tiene que estudiar una carrera determinada.

Le diría que aprenda.

Pero que aprenda cosas que tengan utilidad fuera del aula también.

Aprende otro idioma. Aprende a vender. Aprende a reparar algo. Aprende fotografía, programación, diseño, contabilidad, cocina, mecánica, lo que sea. Aprende a hablar con la gente. Aprende a escribir. Aprende a cobrar por tu trabajo sin sentir vergüenza. Aprende a ahorrar aunque al principio parezca que no tiene sentido.

Y aprende cómo funciona el dinero.

No para convertirte en esclavo de él, sino para que no seas completamente ignorante cuando llegue a tus manos.

En Cuba hay una generación joven que ha crecido viendo el dinero como algo extraño: algo que falta, que se busca, que llega de afuera, que se consigue haciendo mil inventos. Y precisamente por eso creo que hay mucho que aprender sobre negocios.

No hace falta tener una empresa enorme.

Un negocio puede comenzar con una persona que descubre que otra persona necesita algo y está dispuesta a pagar por resolverlo.

Eso parece sencillo, pero detrás hay bastante filosofía.

Porque vender algo te obliga a entender a otra persona.

Te obliga a escuchar.

A descubrir qué quiere y qué no quiere.

A aceptar que tu idea puede no interesarle a nadie.

Y eso enseña una humildad que ningún libro de negocios puede darte.

Pero también hay que aprender a distinguir entre emprender y simplemente perseguir dinero.

No todo lo que deja dinero merece tu tiempo.

Y no todo lo que parece dinero es realmente una oportunidad.

Hay gente que ha aprendido a hacer dinero con la desesperación ajena. Eso también existe.

Y aquí aparece algo que me preocupa mucho más cuando pienso en los jóvenes de Cuba.

El químico.
El papelito.

No porque sea una historia nueva, sino porque precisamente se ha vuelto demasiado conocida.

Hay adolescentes consumiendo sustancias sintéticas cuya composición puede ser incierta y cuyos efectos pueden terminar siendo mucho más graves de lo que alguien imagina cuando compra algo que le vendieron con un nombre determinado.

Y hay algo triste en que un adolescente pueda saber dónde conseguir una droga antes de saber qué quiere hacer con su propia vida.

No creo que repetirle que “las dr**as son malas” resuelva demasiado.

Probablemente ya lo ha escuchado.

Lo interesante es preguntarse qué está buscando cuando consume.

Quizá diversión.

Quizá pertenecer.

Quizá escapar.

Quizá dejar de pensar durante unas horas.

Quizá simplemente probar algo porque todos alrededor lo están haciendo.

No siempre hay una gran tragedia detrás. A veces hay solamente aburrimiento.

Y el aburrimiento prolongado también puede hacer bastante daño.

Por eso creo que tener algo que construir importa.

No hablo de levantarse a las cinco de la mañana y convertirse en una máquina de producir dinero. Eso también es otra forma bastante aburrida de desperdiciar la juventud.

Hablo de tener alguna cosa que te interese lo suficiente como para querer mejorarla.

Una habilidad.

Un oficio.

Un negocio pequeño.

Una cámara.

Una computadora.

Un instrumento.

Un libro.

Una idea.

Algo que te obligue a concentrarte.

Porque cuando empiezas a construir algo, aparece una sensación que el consumo no puede darte durante demasiado tiempo: la sensación de que tus decisiones tienen consecuencias.

Haces algo.

Alguien lo utiliza.

Alguien paga.

Alguien critica.

Algo sale mal.

Lo corriges.

Vuelves a hacerlo.

Poco a poco empiezas a entender que puedes producir algo que antes no existía.

Y esa experiencia cambia bastante la forma en que uno se ve a sí mismo.

También creo que los jóvenes cubanos deberían aprender a desconfiar un poco de la necesidad de demostrar.

Demostrar que tienes dinero.

Demostrar que tienes mujeres.

Demostrar que tienes ropa.

Demostrar que tienes contactos.

Demostrar que estás bien.

Demostrar que eres más inteligente que los demás.

Es una trampa bastante cara.

Porque llega un momento en que puedes pasar tantos años intentando demostrar que tienes una vida interesante que terminas sin tiempo para tenerla.

Yo tampoco estoy fuera de eso.

Tengo mis contradicciones, mis ambiciones y mis propias maneras de querer ser visto. Incluso estas seis fotos que me tomé tienen algo de eso.

Seis fotos. Unos minutos delante de una cámara.

Mi cuerpo, mi cara, mi altura de 1.86 m, la ropa, el lugar, la luz y todas esas pequeñas decisiones que uno toma cuando quiere conservar una versión de sí mismo.

Y pensé que una fotografía tiene algo curioso.

En ella parece que uno sabe exactamente quién es.

Pero en realidad no.

La foto solamente captura a la persona que eras en ese momento.

El resto todavía está por ocurrir.

Dentro de algunos años probablemente voy a mirar esas seis fotos y no voy a pensar solamente en cómo me veía.

Voy a pensar en qué estaba haciendo.

Qué quería.

Qué estaba aprendiendo.

Qué personas estaban conmigo.

Qué cosas todavía no entendía.

Y quizá eso sea lo más interesante de crecer.

Que durante mucho tiempo uno cree que está intentando convertirse en alguien, cuando en realidad está descubriendo quién no quiere ser.

Así que si eres joven y estás leyendo esto desde Cuba, solo te diría que no entregues demasiado pronto tu cabeza a nadie.

Ni a una ideología.
Ni a un país.
Ni a una moda.
Ni a un influencer.
Ni a un vendedor.
Ni a un grupo de amigos.
Ni siquiera a una persona que amas.

Escucha.
Observa.
Aprende.
Prueba cosas.
Equivócate.

Y conserva suficiente curiosidad para cambiar de opinión cuando encuentres una razón para hacerlo.

Porque todavía tienes algo que, con el tiempo, se vuelve mucho más difícil de recuperar: la posibilidad de decidir en qué clase de persona vas a convertirte.
__________________

Fotografías: Arianna García

26/09/2026

Muchos profesionales han estado preguntándome lo mismo una y otra vez: “Oye, ¿en qué página me registro desde Cuba para subir mi currículum, me contraten y empezar a cobrar en dólares?”

La verdad es que no tengo ninguna plataforma mágica para recomendarles. La mayoría de esos sitios están tan sobresaturados que tu perfil se hunde en un segundo, o te piden una cuenta premium que cuesta un dinero que no se puede pagar fácilmente desde aquí sin enredarse en mil malabares. Mandar solicitudes en masa por esas vías estando en Cuba es como tirar una botella al mar y sentarse a esperar.

La única salida real que me ha funcionado y que le da sentido a esto es olvidarse de los portales de empleo genéricos y montarse una marca personal de verdad.

Al final, el cliente de afuera no busca un papel con un título; busca ver lo que eres capaz de resolver con tus manos. Crearse un espacio propio, mostrar los procesos, compartir lo que uno va aprendiendo y ser extremadamente constante en redes o plataformas donde la gente vea tu cara y tu pulso creativo es lo único que abre puertas de verdad.

Es picar piedra, sí, pero es lo único que depende enteramente de tu talento y no de que un algoritmo geolocalizado te bloquee la entrada

Hace unos días me escribió un emprendedor desde México para hablar sobre la identidad de su negocio, y valorara en que a...
23/09/2026

Hace unos días me escribió un emprendedor desde México para hablar sobre la identidad de su negocio, y valorara en que aspectos necesitaba una intervención nuestra.

Después de explicarme lo que hacía y enviarme algunas fotos, me pasó el nombre para buscarlo en Facebook.

Lo escribí, y salieron un montón de resultados.

—¿Cuál es la página?

—Esa misma.

—¿La de la foto del señor?

—Sí.

—¿Y por qué tiene otro nombre aquí?

Silencio.

No porque hubiera algo grave. Simplemente, desde afuera, no era tan fácil reconocer el negocio.

Y ese detalle dice bastante.

Porque tú sabes perfectamente cuál es tu negocio. El cliente no.

Tú sabes cómo se llama, qué vendes, dónde estás y cuál es tu logo. Pero la persona que acaba de escuchar tu nombre por primera vez solo tiene lo que encuentra delante.

Y si escribe el nombre en Facebook y aparecen seis negocios parecidos, tres perfiles personales y una página que parece abandonada desde 2021, ya tiene que empezar a investigar.

Después de que logré identificar la página...

El nombre aparecía de una forma en el perfil, el logo que usaba no tenía mucha relación con lo que aparecía en las publicaciones, incluso variaba, y la portada utilizaba otros elementos, me hablaba de un negocio totalmente diferente.

No era que faltaran publicaciones.

Faltaba una identidad que ayudara a reconocer el negocio.

Y esto es algo que lamentablemente se pierde mucho.

Una identidad visual no sirve únicamente para poner un logo bonito en una tarjeta.

También sirve para que cuando alguien vea algo tuyo diga:

—Ah, estos son los mismos de aquel producto.

O:

—Sí, esta es la página que me recomendaron.

O simplemente:

—Este es el negocio que estaba buscando.

Eso es reconocimiento.

Y se construye con muchas pequeñas decisiones: nombre, símbolo, tipografía, color, fotografía, composición, aplicaciones y la forma en que todas esas piezas conviven.

No hace falta convertir Facebook en una agencia de publicidad ni publicar veinte veces al día.

Primero hay que conseguir que cuando alguien llegue, entienda dónde está.

Esto es especialmente importante para muchos emprendedores latinoamericanos, porque Facebook sigue siendo un punto de encuentro bastante fuerte para negocios, recomendaciones, grupos y ventas.

Así que sí: a veces el problema no es que necesites publicar más. Quizás simplemente necesitas que lo que ya tienes se parezca más a una marca.

Eso es parte de lo que trabajamos.
Dirijo un equipo creativo que desarrolla identidad visual, branding, dirección de arte, packaging, presentaciones, diseño y desarrollo web, además de asesoría para ordenar esas decisiones antes de ponerse a diseñar por diseñar.

Porque si alguien tiene que preguntarte:

—“¿Cuál de todas es tu página?”

Amigo(a) hay algo que podemos mejorar.

23/09/2026

Una no empieza en Illustrator.

Empieza mucho antes: entendiendo el mercado, definiendo para quién estás construyendo y pensando si ese nombre que te encanta realmente tiene futuro.

Porque diseñar sin haber pensado lo anterior es ponerle una buena fachada a una casa que todavía no sabemos si está bien construida.

Y sí, investigar también es parte del .

Hay nombres de negocios que funcionan perfectamente… hasta que el negocio empieza a crecer.Imagínate una cafetería que s...
21/09/2026

Hay nombres de negocios que funcionan perfectamente… hasta que el negocio empieza a crecer.

Imagínate una cafetería que se llama “La Esquina de 23”.

Al principio tiene todo el sentido. Está en 23. La gente del barrio la identifica por eso, el nombre tiene historia y hasta puede convertirse en parte del encanto del lugar.

Pero después el negocio funciona.

Abren otro local.

Y el nuevo está en 18.

Entonces tienes “La Esquina de 23” en 18.

No es el fin del mundo, obviamente. Pero ya tienes una marca explicando una cosa que dejó de ser cierta.

Lo mismo pasa con nombres que describen demasiado bien lo que haces hoy.

“Dulces María”.

“Reparaciones El Rápido”.

“Diseños de Carlos”.

“Salón Queen”.

No digo que esos nombres no puedan funcionar. Algunos funcionan durante años.

El problema es cuando el negocio empieza a convertirse en algo más grande que el nombre que le pusieron al principio.

La tienda de ropa empieza a vender accesorios.

El que hacía diseños empieza a ofrecer fotografía, contenido y dirección creativa.

La dulcería comienza a vender productos empacados y a trabajar con eventos.

Y entonces el nombre empieza a quedarse atrás.

Esto es algo que en branding se estudia bastante: un nombre no debería analizarse solamente por cómo suena hoy, sino también por lo que permite construir alrededor de él.

Y aquí hay algo que me parece importante:
no necesitas inventarte una palabra extraterrestre para tener una buena marca.

Tampoco necesitas ponerle tres letras en inglés, una X en medio y quitarle una vocal para que parezca moderna.

Eso también se ha vuelto una especie de enfermedad.

Un nombre puede ser sencillo.
Puede venir de una historia familiar.
Puede ser una palabra que ya existe.
Puede hacer referencia a un lugar.
Puede incluso describir lo que haces.

La cuestión es entender qué estás construyendo con él.

Porque el nombre va a aparecer en el logo, pero también en una conversación:

“¿Cómo se llama el negocio?”

En una búsqueda:

“Déjame buscarlo en Facebook.”

En un mensaje:

“Pásame el WhatsApp de esa gente.”

En una recomendación:

“Ve donde ellos, que trabajan bien.”

Y con el tiempo, si haces las cosas bien, ese nombre empieza a acumular algo que no estaba ahí cuando lo escogiste: reconocimiento.

Por eso tampoco soy muy fan de empezar un proyecto de identidad preguntando solamente:

“¿Qué colores quieres?”

Antes de eso hay preguntas bastante más interesantes.

¿Qué quieres vender?
¿A quién?
¿Qué quieres que la gente entienda de tu negocio?
¿Hasta dónde puede crecer?
¿Qué cosas podrían cambiar?
Y, sobre todo, qué parte de la historia quieres conservar y qué parte no debería convertirse en una jaula.

Una marca no debería estar diseñada solamente para representar el negocio que tienes hoy. También tiene que dejar espacio para el que podrías tener mañana.

Y ahí es donde entro yo.

Trabajo identidad visual, branding y dirección creativa, pero también acompaño esa parte previa donde todavía no hay nada que diseñar: estrategia, naming, posicionamiento y asesoría para tomar decisiones antes de gastar tiempo y dinero haciendo unlogo precioso sobre una idea que todavía no está clara.

Porque a veces el problema no es que tu logo esté mal.

El problema empezó bastante antes.

¿Cómo se llama tu negocio?
Lo leo en los comentario.

Una marca de productos naturales para cabello afro no podía construirse como una marca genérica de cosméticos.ADAYEBA na...
17/09/2026

Una marca de productos naturales para cabello afro no podía construirse como una marca genérica de cosméticos.

ADAYEBA nace alrededor de una idea sencilla: vivir lo natural.

La marca comercializa productos como aceites y geles capilares destinados a nutrir, revitalizar y proteger el cabello afro rizado. Para desarrollar su identidad partimos de una investigación de mercado y de un público específico: mujeres afrodescendientes.

El resultado busca transmitir naturaleza, cuidado y personalidad, sin caer en la típica estética de “producto natural” que podría pertenecerle a cualquier marca.

Y esto es importante: una identidad no debería quedarse bonita en una presentación.

Debe poder crecer con el negocio.

Actualmente estoy trabajando junto a ADAYEBA en el diseño de su nueva línea de productos, llevando el sistema visual de la marca a nuevos envases y aplicaciones.

Si estás construyendo una marca y necesitas una identidad que pueda acompañarla más allá del logo, podemos trabajarla.

Escríbeme por WhatsApp: y cuéntame qué estás construyendo.

HC Aldazabal
Dirección Creativa

«Una de las cosas que más me ha costado aceptar del trabajo creativo es que no tengo que hacerlo todo yo.»Durante años, ...
17/09/2026

«Una de las cosas que más me ha costado aceptar del trabajo creativo es que no tengo que hacerlo todo yo.»

Durante años, si un proyecto necesitaba diseño, animación, edición, 3D, web o cualquier otra cosa, mi primera reacción era: «déjame ver cómo lo resuelvo».

Y muchas veces lo resolvía.

El problema es que resolverlo todo solo no necesariamente significa estar trabajando mejor.

Con el tiempo he ido entendiendo que mi trabajo no está solamente en abrir Illustrator, After Effects o Blender y ponerme a producir.

También está en mirar el proyecto completo y preguntarme:

¿Qué necesita realmente esta marca?
¿Qué debería hacer yo?
¿Y qué sería mejor dejar en manos de alguien que domina otra cosa?

Por eso estoy empezando a subcontratar talentos para determinados proyectos de ALDZA VISTA.

Diseñadores, ilustradores, desarrolladores, fotógrafos, animadores… personas que puedan entrar cuando el proyecto lo necesite y aportar algo que tenga sentido dentro del conjunto.

No me interesa armar un equipo enorme para decir que tengo una agencia.

Me interesa poder construir equipos según el problema que haya que resolver.

Porque una marca no necesita seis personas haciendo cosas por separado.

Necesita que esas seis cosas parezcan hechas para la misma marca.

Y creo que ahí está una de las diferencias entre simplemente producir piezas y hacer dirección creativa.

La imagen que acompaña este post es, básicamente, una radiografía de lo que he estado haciendo por mi cuenta.

Pero ya no quiero que cuando alguien piense en HC Aldazabal piense solamente en «el diseñador que hace logos».

Quiero que piense en alguien que puede mirar su marca completa y decir:

«Vamos a ver qué está pasando aquí.»

Y desde ahí, construir lo que haga falta.

Eso también cambia el tipo de proyectos que puedo asumir.

Y, sobre todo, el tipo de personas con las que quiero trabajar.

Menos drama, más diseño.

Después del escrito anterior sobre los pagos trabajando remoto,  varias personas me escribieron porque querían empezar a...
16/09/2026

Después del escrito anterior sobre los pagos trabajando remoto, varias personas me escribieron porque querían empezar a trabajar como freelancers. Algunos me preguntaron cómo lo hacía yo, otros si podía darles trabajo y otros simplemente querían saber cómo pedos se podía trabajar para afuera estando en Cuba.

Así que para ustedes está dedicado este escrito.

Lo primero que necesitas es tener para trabaja remoto en cualquier parte del mundo es algo que ofrecer. Diseño, programación, edición, traducción, marketing, ilustración, asesoría legal, contabilidad, periodismo, lo que sea. Algo que puedas hacer y entregar a distancia y por lo que alguien esté dispuesto a pagarte.

Después viene el primer problema serio: cómo cobras.

Y aquí es donde muchas de las recomendaciones que encuentras por internet dejan de servir cuando eres cubano. Hay plataformas y servicios de pago que directamente no operan en Cuba, así que no puedes simplemente abrirte una cuenta en la plataforma de turno y empezar a cobrar.

En mi caso he utilizado personas de confianza que se dedican al envío de dinero a Cuba de forma privada. Algunas trabajan con varios países, así que eso te permite no limitarte a buscar clientes únicamente donde exista una determinada forma de pago.

Un cliente en España puede pagarte de una manera, uno en México de otra y uno en Estados Unidos de otra.

IBAN, Bizum, transferencias y demás pueden funcionar dependiendo del caso, pero no existe una combinación mágica que te resuelva los pagos.

Y repito algo importante: personas de confianza.

Porque cuando tu dinero pasa por otra persona, no es precisamente el momento de descubrir que confiabas demasiado.
Después están la electricidad y el internet.
Y esto probablemente sea de las cosas que más diferencia la experiencia de trabajar remoto desde Cuba de la de cualquier otra persona que tenga una conexión medianamente estable.

Yo trabajé durante una época en la que en mi casa tenía unas seis horas de corriente al día. Entonces organizaba mi trabajo según el horario que supuestamente iba a tener.

El problema era justamente el “supuestamente”.

Cuando la corriente no tiene un horario fijo, cualquier planificación se vuelve ficción.
Puedes tener una entrega para las 5 de la tarde y a las 4:30 descubrir que hoy no vas a tener electricidad.

Y al cliente o a la empresa, lógicamente, eso le importa poco.

Él no sabe si llevas ocho horas sin corriente, si el apagón empezó ayer o si ETECSA decidió complicarte la existencia.
Quiere el trabajo.

Por eso, si vas a trabajar remoto desde Cuba, tarde o temprano tienes que buscar cierta independencia de esas cosas.

No estoy diciendo que tengas que gastarte miles de dólares en un sistema solar.
Una estación de energía que mantenga funcionando tu laptop, teléfono, router y ventilador ya puede ayudarte bastante. También puedes rentar un espacio que tenga electricidad e internet estable, o buscar alguna solución que se adapte a lo que haces.

Y sí, cuando no hay internet en casa, también he tenido que mover archivos y conectarme desde otros lugares. La Wi-Fi de ETECSA en los parques puede resolver una emergencia, aunque evidentemente no es la infraestructura ideal para montar tu vida profesional alrededor de ella.

Son cosas que he tenido que ir resolviendo sobre la marcha.

Ahora viene la otra pregunta: ¿cómo consigues clientes?

Aquí sí les digo que no hay mucho misterio.

No hay un camino corto, salvo que tengas una suerte absurda.

Necesitas un portafolio decente. Necesitas mostrar lo que haces. Si puedes enseñar tus procesos, mejor. Crear contenido relacionado con tu nicho también ayuda, porque no todo el mundo va a descubrirte buscando específicamente “freelancer cubano”.

Y haz networking digital.
Pero networking de verdad.

No estoy hablando de mandarle un “Hola, estoy disponible para trabajar” a 200 personas.

Conoce gente que haga cosas relacionadas con lo tuyo. Diseñadores, programadores, fotógrafos, agencias, emprendedores, gente que pueda necesitar tus servicios o que pueda meterte en un proyecto donde tú tengas algo que aportar.

A mí me han funcionado LinkedIn, Reddit y Facebook.

Y otra cosa que recomiendo, aunque probablemente sea menos atractiva que decir “deja tu trabajo y conviértete en freelancer”: si tienes un trabajo estable, no lo sueltes inmediatamente.

Empieza mientras puedas mantener ese ingreso.

Incluso puede ser una ventaja si ese trabajo te garantiza algo que para un freelancer cubano vale bastante: internet y electricidad.

No tienes que demostrarle a nadie que eres emprendedor quedándote sin dinero durante tres meses.

Y creo que esto también conecta bastante con el post anterior.

Que tú estés en Cuba no significa automáticamente que tu trabajo tenga que costar menos.

Una cosa es que el costo de vida de un país sea diferente y otra muy distinta es pensar que, porque una persona vive allí, puedes contratarla para hacer el mismo trabajo que alguien de otro país pero pagarle una fracción simplemente porque “allá todo es más barato”.

Y ojo, tampoco estoy diciendo que todos tengan que cobrar lo mismo.

Estoy diciendo que hay que separar una cosa de la otra.

Yo trabajo desde Cuba y tengo que resolver electricidad, internet, pagos y todas las demás cosas que vienen con esto.

Eso forma parte de mi realidad.

Pero cuando estoy trabajando para un cliente, sigo teniendo que entregar el mismo archivo, resolver el mismo problema y cumplir la misma fecha de entrega.

El trabajo no se vuelve más sencillo porque mi dirección diga Cuba.

Así que sí, se puede trabajar remoto desde Cuba.

Yo lo hago.

Pero no es solamente conseguir un cliente extranjero.

Tienes que pensar cómo vas a cobrarle, dónde vas a trabajar, qué vas a hacer cuando se vaya la corriente y cómo vas a cumplir cuando todo eso pase.

Yo tampoco tenía todas esas respuestas cuando empecé.

Las fui encontrando a medida que me tocaba resolverlas.

Se ofrecen servicios profesionales de DISEÑO y DESARROLLO WEB a marcas que tengan ganas de posicionarse en el mercado in...
15/09/2026

Se ofrecen servicios profesionales de DISEÑO y DESARROLLO WEB a marcas que tengan ganas de posicionarse en el mercado internacional.

Si ya superaste la etapa inicial de tener un logo genérico creado con IA, y buscas algo consistente creado a partir de una investigación estratégica puedes contactarme.

No entrego logos, entrego una
IDENTIDAD VISUAL.

WHATSAPP: +53 56553556.

Dirección

Reparto Zaya, Calle Frank País/Fomento Y Progreso
Havana
80500

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