20/08/2026
Las amant3s de mi exmarido creían que el del 💰 era él. Les mandaba fotografías montado en mi carro, las llevaba al apartamento que yo había comprado, presumía la empresa que yo había construido y hasta les mandaba flores y las invitaba a restaurantes pagando con la tarjeta de mi empresa. Descubrí que mientras utilizaba todo lo mío para impresionarlas, a ellas les decía que la mantenida era yo. Cuando lo conocí yo ya tenía mi empresa funcionando, apartamento propio, carro y una situación económica bastante estable. Él también era emprendedor, pero tenía un negocio pequeño que ap***s le daba para sostenerse. Eso jamás fue un problema para mí. Cuando nos casamos quise que creciera conmigo, así que terminó cerrando su local y empezó a trabajar en mi empresa. Le di un buen cargo, después mayores responsabilidades y, por supuesto, un sueldo. Como yo ganaba bastante más, asumía la mayoría de los gastos de la casa. Nunca llevé cuentas de quién ponía más porque estábamos casados y yo creía que estábamos construyendo juntos.
Después de tres años de matrimonio una mujer que yo no conocía me escribió: “Hola, disculpa que te contacte. Estoy saliendo con tu marido desde hace cinco meses y necesitas saber algo más”. Primero pensé que podía ser una mentira hasta que empezó a mandarme pruebas. Me contó que había revisado el celular de él mientras dormía porque ya sospechaba que veía a otra persona y terminó descubriendo algo mucho peor: además de ella, había por lo menos otras tres mujeres. Dos habían empezado antes que ella y otra había aparecido después. Me envió capturas de conversaciones, fotografías, audios y varios videos que había grabado directamente de la pantalla del teléfono de mi marido. Había chats diferentes, fechas diferentes y mujeres que ni siquiera se conocían entre ellas. Yo reconocía perfectamente los lugares de las fotografías: mi apartamento, mi carro, las instalaciones de mi empresa y hasta restaurantes cuyos consumos después aparecían entre los gastos de representación de su trabajo.
Cuando empecé a leer las conversaciones entendí la dimensión de la mentira. A una le decía que la empresa prácticamente era de él. A otra le había contado que el apartamento lo había comprado después de años de trabajar y que yo me había mudado con él. Había fotografías sentado detrás de mi escritorio y otras utilizando mi carro como si fuera suyo. Lo peor fueron los comentarios sobre mí: decía que yo prácticamente no trabajaba, que vivía bien gracias a él y que nuestro matrimonio estaba terminado desde hacía tiempo, aunque todas las mañanas se levantaba conmigo, trabajaba en mi empresa y regresaba a dormir a mi lado. También encontré pagos de flores, chocolates, cenas y regalos que había hecho utilizando una tarjeta corporativa que tenía precisamente por el cargo que yo le había dado. Es decir, yo no solamente estaba siendo engañada: parte de las infidelidades se estaban pagando con 💰 de mi propia empresa.
Lo enfrenté con todo impreso. Primero negó algunas cosas, después dijo que podía explicarlas y finalmente, cuando vio la cantidad de pruebas que tenía, dejó de intentarlo. Lo saqué de mi casa, perdió inmediatamente su puesto en la empresa pues preferí pagarle la indemnización, y comencé el divorcio. Ahí apareció algo que terminó salvándome de otro problema enorme: antes de casarnos, mi abogado me había recomendado establecer separación de bienes y dejar claramente protegido el patrimonio que yo ya tenía antes del matrimonio. Mi ex aceptó en aquel momento diciendo que jamás quería que yo pensara que estaba conmigo por dinero. Gracias a eso, cuando nos divorciamos después de solamente tres años de casados, mi empresa, mi apartamento y los bienes que estaban protegidos no terminaron convirtiéndose en otra batalla como yo temía. De un día para otro también se acabó la vida que él llevaba mostrándoles a otras personas como si fuera producto de su propio éxito.
Después vino una parte que me tomó mucho más tiempo resolver. Pasé meses comparándome con aquellas mujeres, preguntándome qué tenían ellas que yo no tuviera y cuestionándome físicamente, profesionalmente y hasta como esposa. Empecé terapia y estuve aproximadamente un año trabajando todo lo que había quedado después de aquello. Poco a poco volví a salir con mis amigas, empecé a viajar y me metí a boxeo. Mientras tanto también tuve que revisar gastos y movimientos de la empresa para saber cuánto había utilizado él en cosas personales. Hoy lo que más me impresiona sigue siendo la facilidad con la que construyó cuatro versiones diferentes de sí mismo usando mi vida como escenario.
Historia anónima de una seguidora