09/02/2026
Más historia para leer y no olvidar, como han sido los gobiernos durante más 50 años, solo actuaban para beneficio de ellos
Kimi Pernía Domicó: la advertencia que el poder decidió ignorar.
Kimi Pernía Domicó fue un líder indígena embera katío, defensor del territorio y del río Sinú, que desde los años noventa encabezó la oposición al proyecto hidroeléctrico Urrá I. Su lucha comenzó cuando el Estado colombiano aprobó la represa sin realizar una consulta previa real a las comunidades indígenas que dependían del río para su alimentación, su economía y su cultura. Desde el inicio, Kimi advirtió que el proyecto traería graves afectaciones ambientales y sociales para todo el Alto, Medio y Bajo Sinú.
Ante la indiferencia del gobierno, Kimi organizó y lideró una marcha histórica de más de mil indígenas embera, quienes recorrieron el río Sinú desde Tierralta hasta Lorica en la movilización llamada Do Wambura (“Adiós río”), buscando apoyo nacional e internacional. Posteriormente llevó la denuncia a Bogotá, donde realizaron un plantón frente al Ministerio de Medio Ambiente, y viajó a países como Suecia, Canadá y Estados Unidos para alertar sobre los impactos de la represa. A pesar de estas acciones, el proyecto avanzó porque el propio Estado era socio y beneficiario de la obra.
En el año 2001, Kimi Pernía Domicó fue secuestrado y asesinado por paramilitares por orden de Carlos Castaño, debido a su liderazgo y a su oposición frontal a intereses económicos y políticos ligados a Urrá. Su cuerpo fue arrojado al río Sinú, el mismo río que defendió durante años. Con su as*****to no solo se silenció una voz indígena, sino que se eliminó a uno de los principales opositores al proyecto hidroeléctrico.
Hoy, más de dos décadas después, las consecuencias están a la vista: deterioro ambiental, afectación a la fauna y flora, comunidades empobrecidas y un río alterado que ya no cumple su ciclo natural. Las inundaciones recurrentes que vive Córdoba, incluida Montería, no pueden entenderse sin este contexto. La historia de Kimi Pernía demuestra cómo la avaricia y el silencio de algunos políticos, que pudieron detener o corregir esta obra y no lo hicieron, terminaron afectando a todo un departamento. Los hechos hablan por sí solos.