02/09/2026
Una cotización que tomaba entre 1 y 4 horas.
El cuello de botella en esta empresa de aluminios no era vender: era cotizar. Cada proyecto se armaba a mano — medidas, materiales, perfiles, mano de obra, margen. Entre una y cuatro horas de trabajo de alguien que sabía, por cotización. Y mientras esa persona cotizaba, no hacía nada más.
Peor: el conocimiento estaba en la cabeza de dos personas. Si no estaban, no se cotizaba.
Qué rediseñamos: el cálculo dejó de vivir en la cabeza y en planillas sueltas. Construimos DIFAB, un sistema de 11 módulos con el motor de costos parametrizado en UF y el margen como regla del sistema, no como criterio de cada uno.
Hoy la misma cotización sale en [X minutos], con el margen consistente en todas y sin depender de quién esté ese día.
Qué NO automatizamos, a propósito: la producción y la postventa. El asesoramiento al cliente —entender qué necesita realmente, resolver cuando algo sale mal— sigue siendo humano y así debe ser. Un sistema calcula precios. No lee a un cliente que llama enojado.
Ese último punto es el que más me preguntan. No todo se automatiza, y decirlo también es parte del trabajo.
¿Tu proceso se parece a este? Escríbeme.